Vida de un cristiano del Opus Dei

lo raro de no ser raro

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San Josemaría

Un nuevo año

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Textos de San Josemaría para afrontar el año que comienza:

 

 

Reencontrar la luz
La vida cristiana es un constante comenzar y recomenzar, un renovarse cada día.
Es Cristo que pasa, 114

Desde nuestra primera decisión consciente de vivir con integridad la doctrina de Cristo, es seguro que hemos avanzado mucho por el camino de la fidelidad a su Palabra. Sin embargo, ¿no es verdad que quedan aún tantas cosas por hacer?, ¿no es verdad que queda, sobre todo, tanta soberbia? Hace falta, sin duda, una nueva mudanza, una lealtad más plena, una humildad más profunda, de modo que, disminuyendo nuestro egoísmo, crezca Cristo en nosotros, ya que illum oportet crescere, me autem minui, hace falta que El crezca y que yo disminuya. (...)

La conversión es cosa de un instante; la santificación es tarea para toda la vida. La semilla divina de la caridad, que Dios ha puesto en nuestras almas, aspira a crecer, a manifestarse en obras, a dar frutos que respondan en cada momento a lo que es agradable al Señor. Es indispensable por eso estar dispuestos a recomenzar, a reencontrar —en las nuevas situaciones de nuestra vida— la luz, el impulso de la primera conversión. Y ésta es la razón por la que hemos de prepararnos con un examen hondo, pidiendo ayuda al Señor, para que podamos conocerle mejor y nos conozcamos mejor a nosotros mismos. No hay otro camino, si hemos de convertirnos de nuevo.
Es Cristo que pasa, 58

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Cumpleaños de San Josemaría

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Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro hacia las diez de la noche del 9 de enero de 1902. Sus padres fueron Don José Escrivá y Corzán y Doña Dolores Albás y Blanc.

 

Los Escrivá, procedentes de Narbona (Francia), habían estado asentados durante siglos en la comarca catalana de Balaguer (Lleida). Los padres de don José eran terratenientes y vivían en Fonz. Don José llegó a Barbastro siendo joven, para establecerse como comerciante. Comenzó trabajando en el negocio de tejidos “Cirilo Latorre”, y más tarde, con dos profesionales del comercio, constituyó la sociedad “Sucesores de Cirilo Latorre”, que tiempo después se convertiría en “Juncosa y Escrivá”.

La familia de Dña. Dolores Albás era oriunda de Aínsa, capital del Sobrarbe y antesala del Pirineo. El abuelo paterno de doña Dolores, Manuel Albás, se había trasladado a Barbastro, donde se casó. Tuvo cuatro hijos, el mayor de los cuales, Pascual Albás, contraería matrimonio con Florencia Blanc. Tuvieron quince hijos. La penúltima fue una niña, Mª Dolores, que sería con el tiempo madre del Fundador del Opus Dei.

En Barbastro
José Escrivá y Dolores Albás se casaron el 19 de septiembre de 1898 en la Catedral de Barbastro. Residían desde entonces en una casa de la calle Mayor, esquina con la Plaza del Mercado. Allí nació su primera hija, María del Carmen, y el segundo hijo, José María (quien años después, por devoción a San José y a la Virgen, unió sus dos nombres en uno). A estos dos hijos siguieron tres niñas —María Asunción, María de los Dolores y María del Rosario— y, cuando ya la familia residía en Logroño, un nuevo hijo varón, Santiago.

Los Escrivá eran bien considerados y queridos en Barbastro, donde tenían muchos amigos y una extensa familia por la parte de doña Dolores. Su posición económica era desahogada y su futuro parecía prometedor.

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Ofrecido a la Virgen
El niño nació sano y creció fuerte, pero a los dos años sufrió una grave enfermedad. Fue desahuciado por los médicos, quienes una noche advirtieron a don José que el niño moriría en pocas horas. Los padres pidieron su curación con especial intensidad a la Santísima Virgen. Doña Dolores prometió a Nuestra Señora de Torreciudad —advocación muy venerada en la comarca— llevar al niño a su ermita en peregrinación si sanaba. A la mañana siguiente, y ante la pregunta de uno de los doctores —¿A qué hora ha muerto el niño?—, don José afirmó: No sólo no ha muerto, sino que está perfectamente.

El pequeño fue llevado por sus padres hasta la ermita y ofrecido a la Virgen. Al referir a su hijo este gran favor de Santa María, doña Dolores solía comentar: Hijo mío, tú ya estabas más muerto que vivo; cuando Dios te ha conservado en la tierra, será para algo grande.

Primeras oraciones
Los Escrivá eran una familia cristiana, en la que se vivían en común algunas prácticas de piedad, como la asistencia a Misa los domingos, el rezo del Santo Rosario, la participación en la Sabatina en una iglesia cercana, la Misa de Gallo en Navidad.
Desde muy niño Josemaría aprendió de sus padres las primeras oraciones infantiles. Doña Dolores preparó personalmente a su hijo para la primera confesión, y el día señalado le acompañó hasta el confesonario.

El pequeño fue gran amigo de su padre: le esperaba con impaciencia a la vuelta de su trabajo, y le abría la puerta; o salía a su encuentro, y metía la mano en el bolsillo de su abrigo buscando alguna chuchería. Don José le llevaba a las ferias de Barbastro o paseaba con él por la ciudad; eran paseos de intimidad paterno-filial, de pequeñas confidencias y preguntas de niño.

La muerte de sus hermanas pequeñas
A partir de cierto momento, el dolor va a entrar con fuerza en el hogar de los Escrivá: entre 1910 y 1913 mueren, de la más pequeña a la mayor, las tres últimas hijas. Al ver padecer a los suyos, Josemaría comienza a conocer el sufrimiento, y aprende, con el ejemplo de sus padres, a afrontarlo cristianamente. Se hace más reflexivo; y un día, pensando en el orden que habían seguido aquellas muertes, le dijo a su madre: El próximo año me toca a mí.
Ella, para consolarle, le recordó: Yo te he ofrecido a la Virgen. Ella cuidará de ti.

Dificultades económicas
A esta pena interna de la familia se unió la ruina del negocio de don José, que le obligó a buscar, dentro de su profesión, algún trabajo lejos de Barbastro. Lo encontró en Logroño, adonde se trasladó con toda la familia en 1915.

Los primeros años en Logroño transcurrieron entre el Instituto de enseñanza secundaria y su familia. Durante estos años, a través de la lectura, adquirió una cultura amplia; dedicó mucho tiempo al estudio de la Historia y de los clásicos de la Literatura. En 1918 terminó el Bachillerato en el Instituto de Logroño con excelentes calificaciones.


 

 

El Niño Jesús de San Josemaría

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¡Feliz Navidad!

Siendo un joven sacerdote, San Josemaría tenía devoción a una talla del Niño Jesús: le mecía, le cantaba y bailaba con él. “Me gusta verte chiquitín –le decía el santo– para hacerme la ilusión de que me necesitas”. Este vídeo explica esa devoción navideña (02’12’’).

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Más rebelde que ninguno

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Opinion de ...

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Los Papas hablan de San Josemaria Escrivá

¿Qué han dicho de Josemaría Escrivá de Balaguer los Papas? de www.es.josemariaescriva.info

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Benedicto XVI: «Quien ha descubierto a Cristo no puede dejar de llevar también a otros hacia Él, puesto que una gran alegría no es para quedársela, sino para comunicarla. Ésta es la tarea a la que os llama el Señor; éste es el “apostolado de amistad” que san Josemaría, fundador del Opus Dei, describe como «amistad personal, sacrificada, sincera: de tú a tú, de corazón a corazón» (Surco, n. 191). Cada cristiano es invitado a ser amigo de Dios y, con su gracia, a atraer a Él a los propios amigos. El amor apostólico se convierte así en una auténtica pasión que se traduce en comunicar a los demás la felicidad que se encuentra en Jesús. De nuevo san Josemaría os recuerda algunas palabras clave de este vuestro itinerario espiritual: «Comunión, unión, comunicación, confidencia: Palabra, Pan, Amor» (Camino, n. 535) las grandes palabras que expresan los puntos esenciales de nuestro camino».

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Juan Pablo II: «Manifestación evidente de esta Providencia divina es la presencia constante a lo largo de los siglos de hombres y mujeres, fieles a Cristo, que iluminan con su vida y su mensaje las diversas épocas de la historia. Entre estas figuras insignes ocupa un lugar destacado Josemaría Escrivá de Balaguer, que, como subrayé el día solemne de su beatificación, recordó al mundo contemporáneo la llamada universal a la santidad y el valor cristiano que puede adquirir el trabajo profesional, en las circunstancias ordinarias de cada uno».

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Juan Pablo I: «Escrivá de Balaguer, con el Evangelio, decía continuamente: Cristo no nos pide un poco de bondad, sino mucha bondad. Pero quiere que lleguemos a ella no a través de acciones extraordinarias, sino con acciones comunes, aunque el modo de ejecutar tales acciones no debe ser común. Allí “nel bel mezzo della strada”, en la oficina, en la fábrica, nos hacemos santos a poco que hagamos el propio deber con competencia, por amor de Dios, y alegremente, de manera que el trabajo cotidiano se convierta no en una “tragedia cotidiana”, sino en la “sonrisa cotidiana”».

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Pablo VI: «En sus palabras hemos advertido la vibración del espíritu encendido y generoso de toda la Institución, nacida en este tiempo nuestro como expresión de la perenne juventud de la Iglesia. Consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien, que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea».

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Pio XII: «Era un verdadero santo, un hombre enviado por Dios para nuestros tiempos».

 
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