Vida de un cristiano del Opus Dei

lo raro de no ser raro

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En medio de la calle y leyendo el periódico

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«Nosotros vivimos en la calle, ahí tenemos la celda: somos contemplativos en medio del mundo». «El espíritu de la Obra nos quiere contemplativos en el trabajo y en el descanso, en la calle y en la vida de familia». Son numerosas las afirmaciones del Fundador del Opus Dei en este mismo sentido y con términos muy similares.

En sus Apuntes íntimos, dejó constancia de un hecho sucedido el 16 de octubre de 1931: «Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa» 5. Años más tarde, rememorando aquel suceso, escribía: «La oración más subida la tuve (...) yendo en un tranvía y, a continuación vagando por las calles de Madrid, contemplando esa maravillosa realidad: Dios es mi Padre. Sé que, sin poderlo evitar, repetía: Abba, Pater! Supongo que me tomarían por loco» 6. Y en una meditación del año 1954, comentaba así este acontecimiento: «Es quizá la oración más subida que Dios me ha dado. Aquello fue el origen de la filiación divina que vivimos en el Opus Dei».

«Estaba yo en la calle, en un tranvía: la calle no impide nuestro diálogo contemplativo; el bullicio del mundo es, para nosotros, lugar de oración».

En otro momento, el Fundador del Opus Dei relató este sucedido, de finales de febrero de 1932: «El sábado último me fui al Retiro, de doce y media a una y media (...) y traté de leer un periódico. La oración venía con tal ímpetu que, contra mi voluntad, tenía que dejar la lectura: y entonces ¡cuántos actos de Amor y abandono puso Jesús en mi corazón y en mis labios!».

En sus apuntes íntimos encontramos también esta anotación de 1934, en que plasma con extrema sencillez su diálogo con el Señor: Oración: aunque yo no te la doy (...), me la haces sentir a deshora y, a veces, leyendo el periódico, he debido decirte: ¡déjame leer! —¡Qué bueno es mi Jesús! Y, en cambio, yo...».

Y esta otra: «Jesús, que mis distracciones sean distracciones al revés: en lugar de acordarme del mundo, cuando trate Contigo, que me acuerde de Ti, al tratar las cosas del mundo» (Forja, 1014).

Además de los ya citados anteriormente, ofrecemos otro ejemplo concreto de esas «distracciones al revés» del Beato Josemaría, contenido en el siguiente episodio: «En octubre de 1945, dijo Misa en el oratorio de la nueva residencia de estudiantes Abando (Bilbao) —era la primera vez que allí se celebraba el Santo Sacrificio—, mientras los obreros aún trabajaban intensamente en otras zonas del edificio para acabarlo. Según cuenta el director de aquella residencia, Federico Suárez, catedrático de Universidad, antes de darles la Comunión, el Siervo de Dios se volvió y les dijo unas palabras: que estaba celebrando la Santa Misa con gran devoción y alegría, ofreciendo al Señor el trabajo de aquellos obreros, y que el ruido no le causaba la más mínima distracción pues esa situación era la adecuada para los socios del Opus Dei: ser contemplativos en medio del bullicio multiforme del mundo».

Actualizado ( Viernes, 27 de Noviembre de 2009 13:46 )  

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