Rick Santorum, ministros españoles, mexicanos…Con cierta frecuencia aparecen en la prensa noticias sobre personas del o relacionadas con el Opus Dei que ocupan altos cargos en la política. Son pocos pero suenan mucho.
En cambio, apenas salen a relucir los más de 90.000 fieles restantes de la Prelatura que viven en los cinco continentes y que no son ni representantes gubernamentales ni grandes empresarios. La normalidad no es noticia. Ya lo dice el dicho periodístico: “noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro”. Y en este sentido, los de la Obra tenemos un reto comunicativo: porque el mensaje del Opus Dei es la santificación de lo ordinario. La suerte es que eso de santificarse aporta un plus creativo ilimitado.
Buena parte de su contenido consiste en hacer el trabajo bien, ofrecérselo a Dios y tratar de resolver las necesidades del entorno en el que uno se desenvuelve. Desde sus inicios, mucha gente del Opus Dei ha puesto en marcha y saca adelante, día a día junto con otra que no lo es, iniciativas de tipo social y educativo que mejoran las condiciones de la sociedad. Otra vez lo que más suena es, por ejemplo, la Universidad de Navarra. Pero además de esta prestigiosa institución académica española, existen, otras muchísimas: el programa de formación profesional interracial Midtown Sports and Cultural Center de Chicago, el centro de promoción de la mujer Kianda, también en Kenia; o Toshi, en México para indígenas otomí y mazahua, el hospital Monkole en Kinshasa… o el Niger Foundation Hospital de Nigeria, donde trabaja el doctor José Manuel Machimbarrena, que, éste sí, está ocupando espacio en los medios de comunicación, aunque no por motivos profesionales sino por la dramática circunstancia de su secuestro y el alivio de su reciente liberación.
¿Pero no dice todo el mundo que el Opus es sólo para ricos y poderosos? Pues no. El Opus Dei, como parte que es de la Iglesia, es como la Iglesia: para ricos y para pobres. Cristo llamó a todos a la santidad. Y entre sus discípulos había ciegos, paralíticos; por haber, había hasta muertos, como Lázaro; también pequeños y medianos empresarios -Pedro y Juan-, y hasta un recaudador de impuestos, Mateo, dispuesto a poner a los pies de Jesús todo para darlo por Él a los demás.
Nadie escoge el lugar ni las condiciones en que nace, pero sí lo que hace con su vida. En el Opus Dei hay empresarios que sostienen con su dinero fundaciones y ponen en marcha iniciativas en Asia, en África, en Oceanía, en América, y en Europa, en su propia ciudad o en lugares remotos. También hay médicos, profesores, ingenieros que se dejan la vida trabajando en esas iniciativas e integrándose en nuevos países, sin hacer guetos, para luego dejar paso a otros. Léase la carta que ha escrito el Dr. Joe Machimbarrena tras su secuestro. Y campesinos pobres, comerciantes sencillos y madres de familia que se benefician de ellas, como tantos otros ciudadanos de su entorno, y acaban formándose y sacando a adelante su país desde dentro. Me lo contaba estos días una congoleña que pasaba por aquí. En África, las labores apostólicas del Opus Dei ya están dirigidas por personas nativas. Eso era lo que quería San Josemaría.
Pues lo dicho, que en el Opus Dei, hay de todo. Como en botica.


