La Pasión de Mel Gibson según Thomas Rosica
El sacerdote que organizólas Jornadas Mundiales de la Juventud de 2002 en Toronto confiesa que ha
quedado conmocionado tras ver la película de Mel Gibson «La Pasión de Cristo».
El padre Thomas Rosica, sacerdote basiliano, presidente de la Fundación
«Salt & Light Catholic Media Foundation» y del primer canal católico de
televisión en Canadá, ha accedido a conceder esta entrevista a Zenit,
tras ver una presentación privada de la película, que saldrá en las
grandes pantallas de Estados Unidos este Miércoles de Ceniza.
El padre Rosica es, además, profesor de Sagrada Escritura, y ha
representado a la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá durante
casi diez años en la National Christian-Jewish Consultation.
--Usted ha vivido, y enseñado en Tierra Santa, en la «École Biblique» y
en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Organizó, además, un espectacular
Viacrucis por el centro de una ciudad moderna, como Toronto, durante la
Jornada Mundial de la Juventud de julio de 2002. Dirige ahora un canal
de televisión. Su parecer, por tanto, no es el de un extraño a la
materia. ¿Qué piensa?
--Thomas Rosica: Mi primera reacción ha sido la de la conmoción. En
pocas ocasiones salgo de un teatro o de un cine con un intenso deseo de
rezar o de quedarme en silencio. Es lo que experimentaba al regresar a
la oficina tras la proyección. «La Pasión» es una presentación
profundamente conmovedora de las últimas horas de vida de Jesús en la
tierra. Ciertamente no es una cinta para niños.
Sugiero a todos los que participan en la pastoral, profesores y
estudiantes de Sagrada Escritura, a los adultos en la fe, que vean esta
película. Si la intención de Mel Gibson era la de acercar a estas
personas a Cristo con esta película, ha logrado su objetivo.
Si Gibson quería que la gente hiciera la experiencia de una conversión
de corazón hacia el mensaje no violento de la cruz, creo que realmente
lo ha logrado.
--¿Qué es lo que más le ha impresionado de la película?
--Thomas Rosica: La película está realizada con una técnica excepcional,
una recitación excelente, en fidelidad a las Escrituras, con atención al
significado teológico de la pasión y muerte de Cristo, y con una
extraordinaria sensibilidad artística y religiosa.
El intenso juego de luces y sombras en el rostro atormentado de Pilatos
es más elocuente que mil palabras. Es como si el mismo Caravaggio
hubiera dirigido la película.
Cada una de las escenas ha sido creada para que el espectador descubra
la profundidad del misterio. Considero que esta película es una de las
obras de arte religioso más eficaces. A medida que avanza el filme,
quienes eran espectadores indiferentes quedan sobrecogidos por la
historia.
Entre los innumerables detalles extraordinarios, me ha impresionado
sobre todo la maestría de Gibson en el uso del «flashback»
(retrospectiva). Como profesor de las narraciones de la Pasión, siempre
me han impresionado las escenas vivas del proceso y del papel de Pedro
en las narraciones del Evangelio.
En esta película, los insistentes «flashbacks» producen un efecto
particular. La cámara enfoca el perfil del rostro de Cristo, mientras
Pedro nos mira. El sufrimiento desgarrador de Cristo queda fragmentado,
por ejemplo, por la retrospectiva sobre el amoroso lavatorio de los
pies. Hay muchas maneras sutiles con las que el espectador indiferente
se convierte en protagonista en un instante.
Es importante tener en cuenta que la película de Mel Gibson no es un
documental, sino una obra de imaginación creativa. Incorpora elementos
de las cuatro narraciones de la Pasión de Mateo, Marcos, Lucas y Juan,
pero permanece fiel a su estructura común fundamental.
Gibson no ha querido quitar nada a la brutalidad de la historia de la
Pasión. No ha tenido intención alguna de dulcificar la historia de la
pasión con el pietismo o la falsa espiritualidad. El espectador se ve
obligado a confrontarse con los hechos y los acontecimientos tal y como
son y a asistir al sufrimiento de un hombre justo.
Cuanto más brutales son las escenas, más eficaces son los «flashbacks»
sobre el Sermón de la Montaña en el que enseña las Bienaventuranzas, o
la parábola en la que se identifica con el Buen Pastor, o las palabras
en las que ofrece su vida en el pan y el vino durante la última cena.
Me ha impresionado en particular una escena. Cuando Jesús cae durante el
Viacrucis, un «flashback» nos traslada a un momento en el que, siendo
niño, se calló en una calle de Jerusalén y su madre se acercó para
socorrerle. La relación entre María y Jesús en esta película es
conmovedora y alcanza su culmen con la escena de la Piedad.
La Madre del Señor nos invita a cada uno de nosotros a compartir su
sufrimiento y a contemplar a su Hijo. Es lo que tratamos de hacer con el
Viacrucis en el corazón de la ciudad durante la Jornada Mundial de la
Juventud de 2002 en Toronto. Esta escena constituye un momento
increíblemente también para nosotros. De hecho, ¡quienes nos
desaconsejaron la representación pública de las estaciones del Viacrucis
en Toronto no procedían de fuera de la Iglesia!
Tras esta magnífica representación en la University Avenue de Toronto,
en julio de 2002, entre los miles de cartas y de mensajes que recibimos,
había personas de otras religiones que simplemente decían: «¡Si
pudiéramos hacer al menos algo parecido por nuestros jóvenes y
enseñarles los elementos centrales de nuestra fe...!».
--¿A qué atribuye toda esta oposición a la película de Mel Gibson?
--Thomas Rosica: A la ignorancia, a la obsesión por lo políticamente
correcto, a la falta de comprensión de las auténticas creencias
religiosas, y al miedo para afrontar los hechos auténticos y al carácter
ambiguo del proceso y de la condena de Jesús.
Tengo que reconocer, además, que los cristianos y judíos que no tratan
las Escrituras con la debida madurez y que simplemente promueven un
falso ecumenismo y la ignorancia de la historia, no ayudan a echar
puentes y a reparar los daños causados por el antisemitismo, que vuelve
a crecer en el mundo.
El viejo dicho, según el cual, «los que no saben hablan y los que saben
se callan» puede aplicarse a toda la tinta que se ha gastado en
artículos sobre esta película. He escuchado encendidos debates entre
personas que no tenían ni la más pálida idea de cuál era el argumento de
la película.
--Usted se ha dedicado profundamente en su vida al diálogo entre
cristianos y judíos. ¿Cree que la película es antisemita?
--Thomas Rosica: No, no es ni antisemita ni antijudía. La película ni
exagera ni disminuye el papel de las autoridades judías y de los
procesos legales en la condena de Jesús.
Sin duda, la figura de Caifás, el sumo sacerdote judío, es negativa.
Pero es importante recordar que Caifás, en las Escrituras, representa al
régimen de la época y no al pueblo judío.
La película nos lleva a querer profundizar en nuestro conocimiento de
las Escrituras y en el amor de Jesucristo, a profundizar en nuestra
comprensión de la histórica reconciliación entere cristianos y judíos,
que ha tenido lugar especialmente con el Concilio Vaticano II y con el
pontificado de Juan Pablo II, y a analizar las auténticas causas del
antisemitismo y de su reaparición en el mundo actual.
Creo que es lamentable el que muchos, dentro de la Iglesia, sin contar a
los que están fuera de ella, hayan condenado la película como antisemita
o antijudía, antes de haberla visto. Lo que se puede decir, sin duda
alguna, es que la película lleva incluso a las personas más alejadas y
menos apasionadas a querer profundizar en la comprensión de la historia
de la pasión y muerte de Jesús.
Judíos y romanos de la época quedaron involucrados en el proceso, en la
condena y en la ejecución de Jesús. Esto es un hecho histórico. Quien
trate de rescribir la historia o de rescribir las narraciones del
Evangelio sobre el sufrimiento y la muerte de Jesús, comete un atentado
contra la verdad histórica y no aplica honestamente a nuestra época las
lecciones del pasado.
La verdadera cuestión que surge de la película es que, con frecuencia en
la historia, las autoridades políticas y también las religiosas, han
perseguido a personas con ideas revolucionarias.
Los Evangelios, en la narración de la Pasión, cuentan cómo los pecados
de todas estas personas contemporáneas a Jesús conspiran a la hora de
promover la pasión y la muerte de Cristo, y por tanto, muestran la
verdad fundamental de que todos somos culpables. Los pecados de aquellas
personas y nuestros pecados han llevado a Cristo a la Cruz, y él carga
con ellos voluntariamente.
Y tenemos que aprender de lo que le sucedió a Jesús para preguntarnos no
sólo cuál es la identidad de quienes le procesaron, condenaron y
ejecutado hace ya mucho tiempo, sino también qué provocó la muerte de
Jesús, esos círculos viciosos de violencia, brutalidad y odio que le
siguen crucificando todavía hoy en nuestros hermanos y hermanas de la
familia humana.
He leído que Maia Morgenstern, la actriz judía que interpreta
egregiamente el papel de María, afirma que «La Pasión» se opone a la
idea de opresión y violencia. «Habla de la necesidad de dejar libres a
las personas para que expresen lo que piensan y creen. Denuncia la
locura de la violencia y de la crueldad que, si se deja en libertad,
puede difundirse como una enfermedad».