María Ignacia García EscobarJosé Miguel Cejas
Capítulo: Anexos (manuscritos y poesías)
Los manuscritos de María Ignacia que se encuentran en el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en Roma son, en total:— Dos cuadernos de máximas: el Cuaderno Negro y Pepitas de Oro.
—Una libreta con consideraciones espirituales, que denominamos Cuaderno del Hospital del Rey.
—Un bosquejo biográfico y un apunte sobre José María Somoano.
—Once poemas.
—Dos escritos sueltos: un horario y una reflexión personal titulada Fruto de una meditación..
ANEXO I
EL CUADERNO NEGRO
Consideraciones previas
Durante los años 1929-30 María Ignacia recogió numerosos pensamientos espirituales en una libreta de tapas negras, de 20 hojas de 12 por 7.5 cm, sin numerar. Esta libreta contiene, aunque no exclusivamente, un conjunto de máximas espirituales, junto con algunos consejos. En estas páginas se denomina este cuaderno, al que María Ignacia no dio título alguno, Cuaderno Negro.
Debió ser compuesto en diferentes periodos, porque los trazos caligráficos de la letra varían, lo mismo que el color de la tinta. Cada apartado comienza y termina con invocaciones piadosas usuales en aquel tiempo (a.m.g.d.; Viva Jesús, Viva María) o de la devoción particular de María Ignacia (el Corazón Agonizante de Jesús).
Trata sobre la ciencia del Amor de Dios, fruto del llamado don de ciencia, esa participación sobrenatural en la ciencia de Dios que lleva a descubrir la huella divina que ha dejado el Creador en todas las criaturas. No es un estudio teórico, sino un conjunto de máximas nacidas de su oración. Es la confirmación de lo que escribía el Fundador del Opus Dei: “Hay una ciencia a la que sólo se llega con santidad: y hay almas oscuras, ignoradas, profundamente humildes, sacrificadas, santas, con un sentido sobrenatural maravilloso” .
María Ignacia dirige implícitamente estas máximas y consejos, salvo cuando especifica su destinatario, a las “almas cristianas, sea cual fuere vuestra esfera en el mundo”; “os rodeen halagadoras o fatales circunstancias”.
Apartados
Máximas espirituales, sin fecha. Son 53 máximas en las que trata, fundamentalmente, del Amor de Dios y del amor a Dios.
Cinco consejos dados a Candidita Martín a petición suya, sin fecha. Son cinco recomendaciones sobre el amor a Dios, el espíritu de mortificación y la devoción a la Virgen.
Otros cinco consejitos a Paquita Novales también a petición de ella. Estas máximas giran en torno al sentido cristiano del dolor y el sacrificio.
De la Virgen Santísima, otros cinco [consejos] para la misma. Son cinco consideraciones de carácter mariano.
(Los consejos y máximas anteriores parecen constituir una unidad. Están fechados el 27.XII 1929).
Otras máximas espirituales (Sin fecha). Son 26 máximas en total. Las cinco primeras tratan sobre la vida cristiana durante la juventud. Las tres siguientes, sobre la fortaleza y la paz interior que nace del abandono en Dios. Las siete siguientes, sobre la lucha interior ante las dificultades. Siguen dos puntos sobre el gozo del alma que se entrega a Jesús; un punto sobre la necesidad de abrazar la Cruz con alegría y ocho consideraciones sobre el Cielo y el sentido cristiano de la muerte.
“Para poner en práctica...” Es un breve comentario sobre las máximas anteriores, sin título, fechado el 9 de marzo de 1930.
Atardecer. Esta breve reflexión espiritual, sin fecha, ocupa dos hojas y media.
Máximas espirituales.
El amor a Dios nuestro Señor es el todo aquí en la tierra, y la entrada segura para el Cielo.
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Quien no sienta en su corazón la llama del Amor divino ¿Cómo le será posible la vida...?
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Con el amor de Dios se ama verdaderamente a las criaturas; sin este Amor, todo amor es falso.
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¿Quién, sintiendo un átomo de amor a Jesús, no se desvela continuamente por el bien de todas las criaturas?
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Cuando el amor no va unido al sacrificio no es verdadero amor.
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Amar a Jesús es imitarle; e imitarle es sufrir.
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Con el amor de nuestro Buen Jesús todo se hace dulce y llevadero.
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¿Queréis un medio para amar mucho a Jesús? Permaneced en el dolor.
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Dichosas noches obscuras y espinas punzantes de los eriales de la vida, que tanto nos acercan al Divino Pastor.
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El alma unida estrechamente a Jesús vive en una primavera continua.
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Con un solo acto de amor a Jesús bien hecho, se abren de par en par las puertas del Cielo.
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¿Cuál es la fuente inagotable del amor de Nuestro Señor? —La Divina Eucaristía.
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No duden las almas buenas que toda la fuerza y gracias necesarias para alcanzar la vida eterna la encontrarán acercándose diariamente al Sacramento del Amor.
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¡En qué error viven sumergidas las almas que se excusan de no recibir en su pecho cada día a Nuestro Señor por su indignidad! ¿Quién es digno de tal merced? Estas almas corren a pasos agigantados al desaliento y a la tibieza más deplorable.
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Nuestro Divino Salvador derramó su sangre por todas las almas; a todos nos ama con igual amor. Solamente espera que le abramos de par en par las puertas de nuestro corazón, para embriagarlo de su más puro y casto amor. ¿Qué nos detiene?
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Hagamos lo más frecuente posible esta exclamación: “¡Te amo, Jesús mío, y deseo amarte siempre!” ¡Cómo sonríe el buen Jesús cuando esto oye salido de un corazón amante...!
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¡Que dicha tener en nuestras manos, poder consolar al Corazón Agonizante de nuestro Jesús con pequeños actos de amor...! — Él no mide nuestra oración; mide el amor con que la hacemos.
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Todo cuanto llevan hablado y escrito del amor de Dios nuestro Señor los sabios y los santos es pálido reflejo. No hay, ha habido, ni habrá, inteligencia ni pluma capaz de describirlo.
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No vayamos a Jesús por el camino del temor; vayamos por el del amor. —Pruebe el que quiera a seguir por este camino, y verá cuán corta y suave se le hace esta triste jornada.
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Yo te buscaba entre las rosas, Jesús adorado, mas las rosas callaban; pero me condujiste por medio de acerbas espinas, y escuché tu dulce voz que me decía: “Aquí estoy, hijita mía; no olvides nunca que mi verdadero amante es el que vive en este mundo rodeado de dolor y por encima de él, sabe permanecer en mi amor”. Desde entonces fui feliz.
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Si me he ofrecido por víctima de amor al Buen Jesús no lo hice pensando en ningún premio; solamente por llegar a amarle con locura.
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Amar a Jesús es sacrificarse en todo por este Santo Amor; es un Cielo anticipado que la mayoría de las almas buenas dejan escapar de sus manos.
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No hay nada más hermoso en este mundo que el amor a Dios Nuestro Señor unido al Sacrificio.
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De la noche hiciera día para pregonar sin descanso la sed de amor que devora al Corazón Agonizante de nuestro Buen Jesús.
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Almas redimidas con la preciosa Sangre de Jesús, amadle mucho; nada perderéis con ello; y sí: en el momento [en] que menos lo penséis, encontraréis un premio muy grande en la eterna vida.
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Si alguna vez siento tristeza no es otra que el pensar que no ame a mi Jesús como merece ser amado.
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Todos estamos obligados a amar a Aquel que dio su vida por todos; pero en mí es una doble obligación, puesto que a veces se ha valido de medios extraordinarios para sostenerme en su amor.
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Desde pequeña me decía mi corazón que a mi cariño no era posible correspondiera ninguna persona limitada... ¡misterio sublime! Mi alma había sido creada para amar exclusivamente a un infinito amor.
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No crean que cuanto he padecido en la tierra haya sido con insensibilidad; todo lo contrario. —No he visto corazón más sensible que el mío; tanto así que le llamo, a veces, “niño mimado”. —Pero el inmenso amor que le tengo a mi Amado Jesús ha remontado siempre por encima de mi corazón.
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Es verdad que he cometido en el transcurso de mi vida faltas con las cuales he causado honda pena a mi Jesús...; jamás lo he negado; pero el pensamiento de la Magdalena conforta siempre mi corazón en la agonía que padece por ello. “Ésta amó mucho y por ello le fue perdonado mucho”. A Aquel que lee en los corazones como en un libro abierto dejo que repase el mío, y calcule la cantidad de amor que hacia Él encierra.
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No desconfiemos nunca de la misericordia del Señor. Un solo acto de amor hacia Él bien hecho le hace olvidar toda una vida llena de pecado y disipación.
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La conformidad de nuestra voluntad con la de Jesús en todo... ¿qué diré de esto, que no resulte pálido reflejo ante la realidad? ¡Nada! Si digo que es un camino por el que no se corre, sino se vuela, en alas del más puro Amor. Pruebe, el que quiera alcanzar su santificación, a echarse en los brazos de esta Adorable Voluntad, y verá que, cual otra Santa Teresita del Niño Jesús, en poco tiempo recaudará tesoros infinitos.
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Haz, mi Jesús, a pesar de las muy obscuras nubes que, aunque no lo parezca, circulan continuamente [en torno] a mi espíritu, [que] mi exterior solamente demuestre hasta el último momento de mi vida, alegría y regocijo. Todo esto por tu amor, Jesús adorado.
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He sufrido mucho en el mundo, ¡Jesús mío, bien lo sabes! pero... me parece tan poquito cuando te lo ofrezco por tu Amor...
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No nos entreguemos a Jesús con tibieza; hagámoslo de todo corazón.— Si en sus manos está todo... ¿por qué el más leve temor?
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No tengamos temor a nada de este mundo; temamos solamente al pecado.
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En el alma pura se recrea el Buen Jesús con más placer que nosotros lo haríamos en presencia de un jardín delicioso y ameno, donde a la vez se escucharan las más dulces y encantadoras armonías.
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Nadie es más feliz que el que así se siente, estando a solas consigo mismo.
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Dichosa mil veces el alma que se mantiene firme y serena en medio del dolor.
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Esta vida pasa pronto... pensemos en la eterna.
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Nuestra vida dura menos que la luz de una cerilla; y casi siempre, antes que terminar el objeto que llevamos, nos quemamos los dedos.
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Quien, comparando la vida temporal con la eterna, no asegura su salvación, es un necio.
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La oración de un enfermo agradecido es un tesoro escondido que no se puede calcular su valor.
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El premio centuplicado me parece lo reserva Nuestro Jesús mayormente para aquellos que practican la caridad con los enfermos. Lo digo por experiencia.
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Las largas enfermedades son escuelas de perfección para quien las asiste, y acumulamiento de tesoros infinitos para el que las padece.
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En la casa donde haya un enfermo padeciendo una larga enfermedad no hace falta pararrayos.
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De los amigos de mundo , líbrenos Dios.
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Ten mucho cuidado en no apegar tu corazón a las criaturas, pensando recibir de ellas la más leve sombra de gratitud. Cuando menos lo esperes te harán llorar gotas de sangre.
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¿Conoces a tal persona? Sí que la conozco. ¿Y has convivido con ella? No. Pues entonces, no la conoces.
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A los que no son del mundo, el mundo los aborrece.
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¿Quieres ser entendido por todos? Tendrás que usar entonces un lenguaje muy humano; el lenguaje divino... ¡son tan poquitos, por desgracia, los que lo entienden!
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Un amigo —más que del cuerpo, del espíritu— nunca se podrá calcular su valor
Cinco consejos dados a Candidita Martín, a petición suya.
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Ama mucho al Señor; y como prueba de ello, ofrécele cada día cuantos sacrificios se te presenten.
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Di con mucha frecuencia esta breve jaculatoria. “Jesús mío te amo mucho y deseo amarte siempre”. Si amor con amor se paga, y el pagador aquí es el Rey de la Gloria Eterna... ¿se podrá medir la cantidad de amor divino que derramará continuamente en tu corazón?
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Procura estar siempre muy alerta tocante a la santificación de tu alma. Ten presente que el enemigo es tan astuto que, sin apenas resbalarnos, hace que nos veamos en el suelo para que nos desalentemos y retrocedamos en el camino empezado. ¡Seamos siempre de Jesús, cueste lo que cueste...!
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Ten siempre presente, hija mía, que la vida es muy corta... y el Cielo, perdurable.
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Ama mucho a la Virgen Santísima y asegurarás tu salvación. Como Madre cariñosísima, nunca jamás abandona a quien en Ella confía. Díle todos los días desde el fondo de tu corazón: “Madre mía, deseo amarte mucho; quita del camino de mi vida cuantas piedrecitas veas que pudieran serme causa de una caída; y en la hora de mi muerte ven en mi ayuda. ¡¡ No me olvides!!”
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Otros cinco consejitos a Paquita Novales,
también a petición de ella.
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Siga edificando a cuantos le rodeen amando mucho a Jesús en medio del dolor y del sacrificio; y confiadamente espere volar a los cielos en brazos de este dulce Amor.
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La Cruz es la más preciosa alhaja que se puede lucir en este destierro.
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Para subir a los Cielos nuestro Buen Jesús tuvo primero que pasar por el Calvario; si esto ocurrió con el Rey de la creación y nosotros ambicionamos la eterna Gloria, ¿podremos quejarnos por nada?
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Sin necesidad de entrar en el claustro, Jesús la hace su esposa, pues le pone por delante la vida de sacrificio; por lo tanto, ¡acéptela con alegría!
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Ame enloquecidamente a Jesús. No se merece que le amemos de otro modo...
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—De la Virgen Santísima, otros cinco, para la misma.
Quien ame mucho a la Santísima Virgen seguramente se salvará. —Quien no ame a la Virgen Santísima, segura tendrá su eterna desdicha.
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¿Qué madre de la tierra puede, por mucho que quiera a sus hijitos, abrirles las puertas del Cielo? Ninguna. Solamente nuestra Celestial Madre, la Madre del Señor.
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Ame mucho a la Virgen. Ella será su guía en este destierro, y su amparo seguro en la hora de la muerte.
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Amar mucho a la Virgen María y robar el corazón a Jesús, es todo uno.
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Señal fija de predestinación es profesarle un tierno cariño a Nuestra Santísima Madre, la Virgen María .
—Otras máximas espirituales
¡La juventud...! ¡¡Cuánto hay que temer de esta época de nuestra vida, si no tenemos una mano amiga que durante toda ella nos encamine hacia el bien!! Toda clase de pasiones bullen en ella, en la misma forma que un hormiguero en verano.
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Aún cogiéndonos el corazón con ambas manos en esa edad florida, resulta insuficiente ese esfuerzo en ciertas ocasiones, si no conservamos en el fondo un bien cimentado caudal de santa prudencia y temor de Dios Nuestro Señor.
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¡Cuánto nos martiriza en la adolescencia los devaneos de nuestra juventud......! Quisiéramos borrarlos del libro de nuestra vida, aún a costa de nuestra misma sangre, si posible fuera.
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Yo he conocido a jóvenes de piedad y llenas de amor de Dios Nuestro Señor que en los días de su juventud no han sido dueñas de sí mismas, en ocasiones muy mal relacionadas con sus antiguas y santas inclinaciones. Jesús solamente las sostuvo en el brocal de tan graves precipicios. ¡Jóvenes piadosas... jamás confiad en vuestras fuerzas; invocad incesantemente el auxilio Divino!
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¡Que verdad es que en nuestra juventud todo lo vemos de color de rosa...! Más tarde, a través de los años, es cuando se ve todo tal y como en realidad es. —Sin embargo... yo os certifico que existe un medio por el cual (fijaos bien y no lo dudéis ni por un momento) siempre podemos seguir viéndolo todo de ese delicado color, aunque cuanto se nos presente en nuestra vida sea rojo plomizo, o negro. El amor a Dios nuestro Señor; el cual lleva siempre tras de sí una conciencia serena y tranquila, es el medio antes dicho. — Probad, jóvenes cristianas a emplear este dulce y santo medio, y estad seguras que no os equivocaréis ni arrepentiréis jamás.
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Seamos fuertes en los momentos en que hasta nuestra misma naturaleza se rebela contra nosotros. —¡De qué paz disfrutamos cuando esto hacemos! Cual la tranquilizadora bonanza que siempre experimentamos después de una fuerte tormenta, así nuestro espíritu se goza en Dios nuestro Señor después de las fuertes y borrascosas luchas sostenida contra nuestra humana naturaleza.
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Consultemos siempre a nuestra conciencia antes de decidir ningún paso de nuestra vida. Si tuviéramos esta santa costumbre por norma, ¡de cuánta paz interior gozaríamos a toda hora!
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La tranquilidad de una buena conciencia es la mayor riqueza en esta vida. Vale tanto que no es suficiente todo el oro del mundo para comprarla. A pesar de esto... ¡cuántos, verdaderamente pobres, poseen este tesoro escondido! ¿Saben por qué? Porque oyendo la voz del Señor, han atendido a sus palabras. —Los que tienen los oídos puestos en las voces del mundo les es muy difícil percibir la voz de nuestro Divino Salvador.
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Vivamos siempre con grande cautela respecto a nuestro porvenir espiritual. —¿Verdad que a veces, mientras más propósitos hacemos de no recaer en ciertas faltas, más pronto nos vemos de nuevo cogidas con los mismos lazos? —¡No importa! Propongámonos, a pesar de ello, ser siempre de Jesús; y Él, que mide nuestros buenos deseos, y conoce nuestra fragilidad, nos ayudará siempre, y llegará el día que, viendo nuestra perseverancia en querer amarle, nos coronará de gloria.
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Todo en este mundo es vanidad. —Solamente el servir y amar a Nuestro Señor durará eternamente.
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Quien confiadamente espere recompensa alguna en esta vida por su recto y bien intencionado obrar, sufrirá desengaños que, a veces, hasta le harán vacilar de seguir adelante en el camino del bien, ya que tan poco aprecio hacen de él en el mundo...... ¡No nos desalentemos! Continuemos practicando el bien a toda hora, aún sin esperanza alguna de recompensa en este miserable suelo; confiemos solamente en Aquel que no ha dejar sin paga un vaso de agua dado por su amor.
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Hasta los mismos que tenemos en este mundo por buenos amigos, ¡cuántas hieles nos dan a beber! –La mayoría de las veces las devoramos en silencio, pues que exteriorizando nuestro sentir, tememos escandalizar a aquellos que por su escasa virtud se espantarían de ello. Acordémonos siempre, cuando esto nos suceda, que a nuestro dulcísimo y amantísimo Jesús, siendo el santo de los santos, le dieron a beber hiel y vinagre; por tanto ¿qué extraño es que esto nos suceda a nosotros, miserabilísimos pecadores?
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¡Qué feliz es el alma que, en todo y a toda hora, obra solamente por amor al Buen Jesús! Nada le extraña, nada le sorprende, nada le inquieta; como no espera nada de nadie de este mundo, con su mirada siempre fija muy por encima de todo cuanto le rodea, y sin temor a equivocarse, descansa tranquila en brazos de este dulce Amor.
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Haced la prueba, almas cristianas, sea cual fuera vuestra esfera en el mundo, y os rodeen halagadoras o fatales circunstancias, a ponerlo todo en manos del Señor. —Siendo nuestro tierno y amoroso Padre, ¿creéis que cuanto permita nos suceda en esta vida no es porque en sus altos juicios, para nosotros incomprensibles, así lo ordena para la mayor santificación y glorificación de nuestra alma?
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¡Qué dulce es el sufrimiento, cuando se padece cerquita del Corazón de Jesús! Y... ¿cuándo es esto? Siempre que las penalidades y padecimientos de esta vida los recibamos como dones celestiales, señal fija es [de] que nos hallamos muy cerca, quizás unidos con lazos amorosos a este divino Corazón.
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Cree la mayoría del mundo que las almas consagradas a Jesús no sufren; para ellos, estas personas tienen el corazón de corcho; quizás, porque habitualmente ven la sonrisa en sus labios. —¡Qué engañados viven! El religioso sufre mucho más que los del mundo... pero con muchísima resignación y alegría.
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Ciertamente es envidiable la vida del alma que se consagra a Jesús; ¡no hay que dudarlo! La paz interior que disfruta solamente es comparable con la de los ángeles y santos allá en el Cielo. —¿Sabéis cual es el motivo? Mirad: son tan ardientes los deseos que siente en su corazón de llegar a alcanzar un parecido con el Amado de su alma, que todos los trabajos y sinsabores que en su vida se le presentan, los recibe de tan buen grado, que a manera que un manjar delicioso a nuestro paladar nos abre a veces el apetito, así este alma queda hambrienta de padecer más y más, para poder lograr aquel parecido dichoso con que sueña noche y día.
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La cruz, en este destierro, la encontraremos en todas partes; lo que tenemos que hacer es... ¡abrazarla con alegría!
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El pensamiento del Cielo debe servirnos de constante Cirineo. —La Gloria tan hermosa que disfrutaremos, si llevamos con paciencia nuestra cruz en esta vida, debe levantar nuestro espíritu y hacerlo fuerte ante toda pena y contrariedad.
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“El reino de los Cielos padece violencia y lo arrebatan los que se la hacen”. Esto quiere decir que sin pelea no hay victoria; para ganar un reino es necesario conquistarlo.
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Si los reinos del mundo, que fenecen en un momento, cuestan tantas luchas, tantas penalidades y tanta sangre el ganarlos... el reino Celestial, que durará por eternidad de eternidades, ¿queremos alcanzarlo sin trabajo alguno de nuestra parte?
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¡Qué poco nos parecerá cuanto hayamos padecido en esta vida, en la hora de nuestra muerte! Entonces desearemos tener muchas y grandes ofrendas que presentarle al Buen Jesús; y al ver el número tan escaso que llevamos, y estar tan pobres de méritos por haber continuamente regateado a Nuestro Señor que nos librara de ella, desearíamos alargar nuestra vida con propósito firme de obrar de muy distinta manera, pero... la hora es llegada, y ya para nosotros no habrá más tiempo.
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El pensamiento de la muerte no es para traerlo a nuestra memoria una vez al año, al mes o a la semana, no; debemos retenerlo constantemente en nuestra imaginación, y preguntarnos al comenzar cada obra: si esto lo hiciera en la hora de mi muerte ¿cómo lo haría?
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Habrá quien diga que el pensamiento de la muerte es muy triste y meditándolo tan a menudo, no sería posible la vida. ¡No crean tal! Mirándolo solamente con los ojos de la carne, pudiera ser así: pero mirándolo con los ojos del espíritu, ya sabemos que la muerte solamente es la separación del alma del cuerpo; es decir, dejar este destierro de miserias, de llanto y dolor, por nuestra verdadera patria que es los Cielos. ¿Cabe más ganancioso cambio?
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El peregrino que va a tierras lejanas, por muy satisfecho que se encuentre, cuenta a menudo los meses, los días y hasta las horas que le restan para pisar de nuevo la amada tierra que le vio nacer. Nosotros, que somos peregrinos que nos encontramos muy distantes de nuestra patria celestial, ¿por qué temor y no regocijo experimentamos cuando nos vemos cerca del término de nuestra peregrinación en este suelo?
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Igual que al Rey que destierran de su reino y por añadidura lo condenan a toda clase de trabajos y penalidades, el día que le dicen: “Vuelve a tus dominios y disfruta en ellos con toda paz y tranquilidad, que nunca más en esta vida ni intento harán de arrojarte de ellos”, su gozo no tiene límites; de la misma manera nuestro espíritu debe alegrarse cuando vemos cercano el día de la entrada en nuestro reino, ¡el reino de los Cielos!
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Para poner en práctica lo que en estas mal escritas y peor redactadas líneas dejo anotadas en este cuaderno, solamente debemos confiar en Dios Nuestro Señor tan omnipotente y misericordioso, pidiéndole sin cesar su ayuda en toda nuestra vida; la que seguramente no nos faltará si con fe y de corazón elevamos a Él nuestros humildes ruegos.
=Atardecer.=
Es una hermosa tarde del mes de marzo, de esas que pregonan a grandes voces que la primavera se aproxima.
—El cielo está limpio de toda nube; la temperatura es muy agradable; el sol se despide de nosotros bañándonos con sus últimos rayos; los pajaritos elevan mi alma al Cielo con sus incesantes cantos a su Creador; el campanillo de la Capillita del pueblo llama una, dos, tres, muchas veces a todo el vecindario, para que vaya a escuchar las dulces enseñanzas de nuestra sacrosanta religión, que en este santo tiempo de cuaresma el buen párroco se desvela para instruir en ella a sus amados feligreses......
Yo, contemplando el hermoso panorama que se divisa desde la azotea de mi casa de este mi pintoresco pueblecito, alabo una y mil veces al Divino Hacedor, que tantas maravillas ha creado para servicio de nuestro cuerpo y en recreo de nuestros sentidos.
—Él haga que cuantas personas en el mismo existimos y existan en adelante no usemos de las cosas de esta vida solamente con miras humanas; sino que, sirviéndonos ante todo para levantar nuestro espíritu al trono del Señor, gocemos en esta vida de una gloria anticipada; y al término de ella, el Buen Jesús coloque en nuestras sienes la corona de sus escogidos, y unidos a El entonemos cánticos de alabanza por toda la eternidad.
ANEXO II
PEPITAS DE ORO
Consideraciones previas
María Ignacia titula Pepitas de Oro el manuscrito que redactó en Hornachuelos, en una libreta escolar rayada de 27 hojas, de 23 líneas cada página, del tamaño de una cuartilla.
Lo dedicó a sus sobrinos Pepita, Benilde y María Herrera García... Lo fechó el 26.XII.1929. Ya estaba trabajando en él en agosto de 1928. “Cuando empecé estos apuntes —explica al final del texto—no había nacido José Herrera García. Hoy que los termino, tiene 17 meses; y a él también se los dedica su tita”.
Tituló el apartado principal, que consta de 18 hojas: Para aumentar más y más el amor a nuestro Buen Jesús.
Incluyó al final varios textos de diversos autores espirituales, que no transcribimos por ser bastante conocidos. Son: Acto de ofrecimiento que podéis hacer a Dios Nuestro Señor; Acto de ofrecimiento de mi misma; Acto de contrición del Beato Diego J. de Cádiz; Poesías de Santa Teresita de Jesús (A Jesús. ¡Poderme deshojar!); Varias plegarias escogidas de otros autores (A Jesús crucificado. Para antes de comulgar. Para después de comulgar).
Pepitas de oro
- Para aumentar más y más el amor a nuestro Buen Jesús.
(Para mis sobrinas Pepita, Benilde y María Herrera García.)
¡Morir de amor, dulcísima esperanza!
Cuando vea romperse mis prisiones
Será el Señor mi premio y bienandanza
Pues no anhelo terrenos galardones.
Es ya pasión en mí su amor divino.
¿Cuándo arderé en su fuego abrasador?
¡Ése es mi Cielo y mi eternal destino:
Vivir de amor!
¡La ciencia del Amor! No quiero otra ciencia más que ésta... porque no me queda ningún deseo sino es el de amar a Jesús con locura.
Cueste lo que cueste, quiero ganar la palma; sino es por la sangre, sea por el Amor.
¿Deseas un medio para llegar a la perfección? No conozco más que uno: el Amor.
Jesús arde en deseos de entrar en nuestros corazones y estima nuestro amor por encima de todos los dones que le podamos ofrecer. —Pues todos los dones, aún los más perfectos, nada son sin el amor.
Una sola cosa hay que hacer en la noche tan fugaz de esta vida: amar a Jesús con todas las fuerzas de nuestro corazón y salvarle almas para que sea amado .
Amemos, amemos sin descanso al que es Amor, y seamos buenos, que la bondad es algo que tiene más de Dios que del hombre.
El corazón puro no sabe más que amar porque posee la fuente del amor, que es Dios. El alma pura es la mas amorosa, buena y amante.
¿Queremos que no nos canse el dolor? Pues pensemos que en él estamos complaciendo y amando a Dios.
Ni en la virtud ni en el amor se llega nunca al término; y cuando pecamos es ¡ay! porque no amamos a Dios lo suficiente.
A pesar de la intensidad de sus dolores en la Cruz, Jesús sólo manifestó amor, dulzura, piedad, resignación y sinceridad.
¡Amar a Jesús es imitarlo, e imitarlo es sufrir!
Una de las maneras de mostrar el amor a Nuestro Señor Jesús es la limosna. —La limosna no empobrece, y Él bendice más la misericordia que el sacrificio. —Veamos en la frente de los pobres escrito este nombre adorable: Jesús, y con todo el amor de nuestras almas, socorrámoslos sin vacilar.
“Cuando se quiere siempre se acaba por poder”. ¿Qué hace usted para mantener a tan numerosa familia?, preguntaban a una madre. Y ella contestó sonriendo: ¡Amar!! Cuando se ama, no se cuenta .
En los pobres tenemos a Jesús, ¡es Él!... prodiguémosles nuestras ternuras. En la Eucaristía tenemos a Jesús, ¡es Él!... adorémosle, y con un amor acendrado, recibámosle todos los días de nuestra vida en la santa comunión.
Nuestra felicidad en la tierra está en proporción con nuestro valor en sacrificarnos por Dios. —Sólo el que ama la Cruz puede entrar en el Cielo como una reina en su palacio.
La cruz es el campo de batalla del amor divino; y la más grande victoria es la de vencerse a sí mismo.
“Nunca estoy mejor que cuando no estoy bien”, decía San Francisco de Sales.
¿Puede decirse en verdad que se ama cuando no se da algo que cueste?
Fácil es decir a Dios “Te amo”, pero si esta palabra no va acompañada de la mortificación cristiana es vana y sin fundamento, porque el amor propio lo ocupa todo.
Una de las pruebas principales de amor que podemos dar al Señor es hacer muchos actos de fe: Creer... y obrar, y no moriremos en nuestro pecado: porque la fe sin obras es fe muerta.
Siempre que dé la hora del reloj propongá[mo]nos permanecer en el amor de Jesús, que no sabemos en cual de ellas nos llamará.
Para un alma verdaderamente amante del Señor no debe haber penas, ocupaciones ni dolores que sean capaces de distraerla de su recuerdo.
Con tal que nos queden un Tarbernáculo y una hostia consagrada, continuaremos serenos y felices, por más que nos desprecien... nos abandonen... y nos trituren.
Sólo una cosa es necesaria para tener paz; amar sufriendo y sufrir amando: la paz es el fruto de la guerra contra todo lo que es naturaleza .
Miré a mi Salvador traspasado con los clavos, lo contemplé con amor y hallé que la mortificación era Él; el sufrimiento era Él; y entonces, obrándose en mí una transformación, todo me pareció divino.
¿Qué importan todos los padecimientos con tal de poseer el amor de Jesús?
La fe no es más que el amor que cree.
La esperanza, el amor que espera.
La adoración, el amor que se posterna.
La oración, el amor que se pide.
La misericordia, el amor que perdona
La caridad, el amor que se sacrifica
La mortificación el amor que se inmola.
Hagamos esto y tendremos paz.
¡Oh! diremos con San Agustín: ¿Por qué no dispongo de un amor infinito para amar con un infinito amor?
Señor, si ese es tu deseo
Larga vida no rehuyo;
Mas si fuese gusto tuyo
Quisiera al cielo volar:
Amor, que es llama divina,
Me consume y me transporta:
Vivir o morir ¡qué importa!
¡Mi sólo anhelo es amar!
Haz que te ame, ¡oh Jesús mío! con una impetuosidad tal, que arrolle mi amor todas las penas y cruces de la vida, sonriendo en ellas sólo por complacerte.
Que te ame con un amor tan fidelísimo, que mi correspondencia a la gracia sea pronta, generosa, incesante.
Que te ame con un amor tan prodigiosamente acendrado por el dolor que se llame amor de mártir, unida a tu dolorosa Madre del Calvario.
En mis visitas a mi Jesús Eucaristía le digo que para qué vivo, sino para Él... que a quien más lo ama, más se le perdona... que quiero escribir su nombre en mis ojos, en mis oídos, en todos mis sentidos, en mi corazón. ¡Oh Jesús, Jesús mío, mi Jesús!, le repito. Yo quiero pensar en Ti por los que te olvidan... orar por los que no lo hacen... agradecer por los ingratos... pedir perdón por los que de ello no se acuerdan... ¡y amarte con delirio, con locura y con toda la intensidad con la que te ama el Espíritu Santo, por los que no te aman!...
Cuando oigo que le ofenden a mi Amado Jesús con murmuraciones, ¡ay! quisiera cubrir sus odios con mi corazón y los gritos de mi cariño.
Cuando hieren las fibras más delicadas de mi alma los desprecios y las ingratitudes, le digo a mi amor: ¡Oh Dios de mi alma! todo por Ti, porque te amo, tu bondad los perdone.
Cuando los recuerdos me torturan, cuando siento la falta de personas queridas, le digo a mi Jesús: ¡Jesús mío! ¡Tú eres mi padre y mi hermano y mi amigo, y mi esposo celestial y mi todo! ¡te amo tanto!
Si Satanás se opone con mil tentaciones al amor de mi Jesús, con todas mis fuerzas repito: te amo, te amo Jesús mío; y si más insiste, más y más lo amo, hasta que me deja en paz.
Si piso sonriendo tantas espinas es porque el recuerdo de mi amado Jesús me impulsa.
Si ahogo en mi garganta toda excusa, es sólo porque recuerdo que mi Jesús calló, humillándose.
Si obedezco contrariándome, si mis gustos los olvido por mi deber, si cedo mi opinión a veces por la del más pequeñuelo, es por el amor de mi dulce esposo Jesús.
Si procuro practicar las virtudes, volver bien por mal, ponerme gozosa a los pies de todos como esclava, arrojar mi corazón al suelo, ¿por quien, por quien todo esto? ¿a quien querré imitar, sino al que siempre bajó, y se anonadó por mí, amando?...
“Aunque no hubiera cielo, yo te amara”. Jesús mi Jesús, porque yo no ambiciono al amarte sino amarte... no se me ocurre más. Jesús de mis ensueños, !Jesús de mis amores! voy a pedirte un favor, y es: que suspires siquiera una vez, por esta pobrecita alma tan llena de pecados y miserias, pero que con su pensamiento sólo quiere recordarte... con sus manos servirte... con sus pies buscarte... con sus labios bendecirte... con su corazón y todo su ser amarte!
Tienes víctimas de muchos modos, Jesús de mi alma, pero pocas del amor, y yo quiero ser una de ellas, aunque no lo merezco.
En las crueles purificaciones, cuando el espíritu se siente desgarrar, cuando el crisol quema y el infierno mismo parece querer tragarse el alma, ¡Oh Jesús, dulce Jesús, suave Jesús, divino y adorado Jesús, Tú sabes lo que entonces te amo!
Jesús, único ensueño de mi vida;
Si pudiera a tu ser algo robarte,
sólo amor te robara para amarte.
El que no tiene amor, no tiene vida; y el grado de perfección que tenemos delante de Dios está en razón directa del grado de amor en que por él nos abrazamos, crucificándonos.
Amenos al Divino Pastor, el pastor delicado y tierno que se lanza aún entre las espinas por buscar la oveja perdida, que con amor entrañable ama su rebaño, y que se regocija cuando halla la que se le perdió.
Dar, dar únicamente por dar, sin ocuparnos de la recompensa: porque la vida del amor consiste en darse, en vivir entregado a Dios y al prójimo sin mezquinos cálculos.
La santidad es fruto de actos enérgicos de amor.
No quiero más recompensa en la tierra que poder hacer el bien. No pido ser amado de nadie sino únicamente amar.
¡Oh Jesús, dulce Jesús, rico Jesús, suave Jesús, encantador y amoroso Jesús! Mírame con aquella mirada detenida, penetrante, divina, que traspasa secretos y misterios, que rasga el velo de la conciencia, que sondea los corazones, que mira y se detiene ¡amando!... Mi alma necesita saber de ese amor... sentir ese amor... recordar ese amor.
Nada tan poderoso como la Eucaristía, esa comunicación en que se traslada el Amor mismo al corazón que le ama. Una sola comunión bien hecha basta para destruir defectos, implantar virtudes y hacer los santos .
ANEXO III
ESCRITOS DEL HOSPITAL DEL REY
Cuaderno del Hospital del Rey
Desde el 9 de agosto de 1931 al 9 de enero de 1933, durante su estancia en el Hospital del Rey (más tarde Hospital Nacional), María Ignacia redactó 21 consideraciones espirituales en un cuaderno rayado del tamaño de una cuartilla, sin numerar.
Todas las consideraciones están fechadas y escritas sin solución de continuidad. El manuscrito no lleva título alguno.
1931
Unos minutos de charla interior. (9.VIII.1931)
Aprovechemos el tiempo y medios, que el Señor nos da.(5.XI.1931)
1932
Confirmación de amor a mi Jesús, en medio del dolor. (1.II.1932)
¡Víspera de Comunión! (4.II.1932)
Domingo de Carnaval. (7.II.1932)
Miércoles de Ceniza. (10.II.1932)
Una nevada... (13.II.1932)
Desde mi nueva residencia. (14.III.1932)
Domingo de Resurrección. (27.III.1932)
Una nueva era de amor. (11.IV.1932)
¡Cuánto me amas Jesús mío! (7.V.1932)
El 11 y 12 de mayo del 931, jamás podré olvidarles. (12.V.1932)
¿Por qué desconfiar de ser, con tu ayuda, una gran santa, si todo don de Ti nos viene? (19.V.1932)
¡Qué pena me da Jesús mío, al ver que en el mundo se te conoce tan poco! (30.VI.1932)
Un apóstol menos en la tierra y un santo más en el Cielo. (21.VII.1932)
¡Con cuánta frecuencia me acaricias, Jesús mío, durante el sueño! (20.VIII.1932)
El alma de Ti enamorada, a los pies de un Sagrario, duda de su vida mortal... (31.VIII.1932)
Cartas que nos santifican y Te glorifican. (12.IX.1932)
¡Se ha marchado nuestro padre! (30.IX.1932)
¡Qué rabia le ha dado al enemigo! (22.X.1932)
1933
En las recaídas de mi enfermedad, veo siempre más y más cuánto me amas, ¡oh Jesús mío! (9.I.1933)
Escritos sobre José María Somoano
Pequeño bosquejo...
Tras el inesperado fallecimiento de José María Somoano, el 16 de julio de 1932, María Ignacia escribió un breve perfil espiritual sobre su figura en 20 hojas cuadriculadas y numeradas del tamaño de una cuartilla, fechado el 2 de septiembre de 1932.
Lo tituló Pequeño bosquejo de las virtudes del celoso apóstol D. José Mª Somoano (q.e.p.d.) por una enferma del Hospital Nacional.
Del grande entusiasmo...
Durante ese mismo periodo escribió otro breve relato, en 6 hojas cuadriculadas y numeradas del tamaño de una cuartilla.
Si en el Bosquejo había evocado las virtudes cristianas de Somoano, en este manuscrito, que tituló Del grande entusiasmo que D. José María q. e. p. d. sentía por nuestra O., resaltó su amor hacia el Opus Dei. Lo hemos transcrito prácticamente entero en el texto.
“Hago constar que quien esto ha escrito –aclaró María Ignacia en las últimas líneas— no ha sido dirigida de este buen sacerdote. –Por tanto, lo que ella ha observado en él, lo mismo puede haberlo observado cualquier otra enferma”.
ANEXO IV
POEMAS Y ESCRITOS VARIOS
Poemas
Además de los tres poemas contenidos en Pepitas de Oro, se conservan once poemas de María Ignacia, escritos en hojas sueltas de cuaderno. Ignoramos el lugar de composición del poema ¡Siempre me quedarás Tú! (18.X.1929).
Escribió cinco poemas en Valdelasierra (Guadarrama):
A mi llegada al Guadarrama (Sin fecha)
A Jesús mi Amor (Sin fecha)
A mi Jesús (Sin fecha)
A la Adorable Voluntad del Señor (Sin fecha)
A mi custodia (Sin fecha)
Y otros cinco poemas en el Hospital del Rey
El consuelo de dos hermanas enfermas y ausentes de su tierra (Sin fecha)
Pensamiento (Sin fecha)
¡Valdelasierra...! (29.IV.1931)
¡Amad al que es amor! (Sin fecha)
A Josefina Andrés.— (Enfermera.) (Sin fecha)
Escritos varios
Se conservan dos manuscritos sueltos de María Ignacia: Fruto de una meditación, y Horario del Hospital.
El Horario del Hospital está escrito en dos hojas rayadas del tamaño de una octavilla, sin fecha. En la segunda hoja se reconoce la escritura de Lino Vea -Murguía. Éste es el texto:
—A las seis y media, despertarnos para el termómetro.
—A las 7, tomarnos la temperatura la enfermera.
—De 7 a 8 levantarnos.
—A las 8, el desayuno.
—A las 9, Lámpara .
—De 9 a 11, coser, escribir, etc.
—De 11 a 12 reposo...
—A las 12, la comida.
—De 1 a 3, reposo absoluto.
—A las 3, la merienda.
—De 3 y media a 4 y media, paseo.
—De 4 y media a 6, coser, escribir, etc.
—De 6 a 7, reposo.
—A las 7, la cena.
—De 7 y media a 9, reposo absoluto.
—A las 9 y media, apagan la luz .
Don Lino dibuja a continuación, en el mismo papel, una cruz formada por cuatro flechas apuntando a los cuatro puntos cardinales, y escribe estos consejos:
—Al despertar, poner el pensamiento en Dios y en la meditación preparada la víspera. Los días de comunión este pensamiento lo llenará todo.
—7 ½. Oraciones de la mañana y examen de previsión.
—9. Meditación.
—9 ¾. Tiempo libre.
—11. 1ª parte del Rosario.
—11 ¾. Examen
—4 ½. Lectura espiritual
—5. Tiempo libre.
—6. 2ª parte [del] rosario, Vía Crucis, etc,
—8 ¾. 3ª parte del rosario.
—9. Oraciones de la noche, exámenes general y particular, preparación de los puntos de la meditación para el día siguiente.
Al final, englobando estos puntos, dibuja una llave con este resumen:
Presencia habitual de Dios, haciendo y sufriendo todo por su amor..
Fruto de una meditación está fechado 25.V.1932. En esta reflexión, escrita en una hoja rayada, del tamaño de una página, María Ignacia evoca su itinerario espiritual.
MARCO CRONOLÓGICO GENERAL
1896 Nace en Hornachuelos (Córdoba) María Ignacia García Escobar. Vive durante su infancia en el Añozal, una finca cercana al pueblo.
1902 9 enero. Nace en Barbastro (Alto Aragón) Josemaría Escrivá.
1906 La familia de María Ignacia se traslada a Hornachuelos.
1914 Comienza la Primera Guerra Mundial.
1915 Los Escrivá trasladan su residencia a Logroño a causa de la quiebra económica de un negocio familiar.
1916 Marzo. Fallece en Hornachuelos Manuel García Durán, padre de María Ignacia. La familia sufre una fuerte crisis económica.
1917-1918 Las huellas en la nieve de los pies descalzos de un carmelita, en un calle de Logroño, donde reside, suscitan en el joven Josemaría Escrivá fuertes deseos de entrega a Dios. Decide hacerse sacerdote y comienza los estudios eclesiásticos como alumno externo del Seminario de Logroño.
1919 Braulia García Escobar contrae la tuberculosis en Córdoba. Poco después se contagia María Ignacia.
1920 Josemaría Escrivá se traslada a Zaragoza para completar sus estudios eclesiásticos en la Universidad Pontificia.
1925 28 de marzo. Josemaría Escrivá recibe la ordenación sacerdotal en Zaragoza. El 30 de marzo celebra su Primera Misa solemne en la Capilla del Pilar.
1927 Josemaría Escrivá desarrolla una intensa labor pastoral en Madrid. Prepara a millares de niños para la confesión y la comunión, atiende sacerdotalmente a centenares de enfermos en sus casas o en los hospitales, y realiza numerosas obras de misericordia en las barriadas más pobres de la capital.
1928 2 de octubre. Josemaría Escrivá funda en Madrid el Opus Dei.
1929 27 de diciembre. María Ignacia concluye “El Cuaderno Negro”.
Estancia de María Ignacia en Valdelasierra, en Guadarrama, Madrid.
1930 14 de febrero. Josemaría Escrivá comienza en Madrid la labor apostólica del Opus Dei con mujeres.
22 de julio. María Ignacia ingresa en el Hospital del Rey. Conoce poco después a Lino Vea-Murguía y a José María Somoano, nuevo capellán de la Enfermería del Hospital.
1931 12 de abril. Se celebran elecciones municipales en toda España.
14 de abril Se proclama la II República española
10-11 de mayo Se produce en Madrid la quema de iglesias.
1932 2 de enero. José María Somoano, tras hablar con Josemaría Escrivá, se vincula al Opus Dei.
9 de abril. María Ignacia comienza a formar parte del Opus Dei.
16 de julio. Fallece José María Somoano, presumiblemente asesinado por su condición de sacerdote.
1933 21 de enero. Josemaría Escrivá comienza una actividad formativa para universitarios.
13 de septiembre. Fallece María Ignacia en el Hospital del Rey
1936 18 de julio. Comienza la guerra civil en España.
27 de julio. Sufre martirio en Puente Genil (Córdoba) Lorenzo Pérez Porras, antiguo párroco de Hornachuelos.
12 de agosto. Mueren mártires a causa de la Fe la Beata Victoria Díez, maestra de Hornachuelos; y Antonio Molina Ariza, párroco del pueblo, en la mina del Rincón, cerca de Hornachuelos.
Son asesinados esa misma noche 16 presos más por motivos sociales y políticos. Entre ellos se encuentra Antonio García, hermano mayor de María Ignacia.
15 de agosto. Es detenido en su domicilio Lino Vea-Murguía, que sufre martirio a causa de la Fe. Es fusilado junto a la tapia del Cementerio del Este, en Madrid
25 de septiembre. Fallece en Córdoba María Escobar, madre de María Ignacia.
1975 26 de junio. Fallece santamente en Roma José María Escrivá. El Opus Dei que se encuentra extendido por los cinco continentes.
1992 17 de mayo. Juan Pablo II beatifica en Roma al fundador del Opus Dei.
ABREVIATURAS
AGP Archivo General de la Prelatura
RHF Registro Histórico del Fundador
D Documento
T Testimonial
CN Cuaderno Negro
PO Pepitas de Oro
P Poemas
CHR Cuaderno del Hospital del Rey
PB Pequeño bosquejo de las virtudes del celoso apóstol D. José Mª Somoano (q.e.p.d.) por una enferma del Hospital
DGE Del grande entusiasmo que D. José María q.e.p.d., sentía por nuestra O.
EV Escritos varios.
Texto de contraportada
¡Nuestra hermosa Obra dará un paso adelante; no lo dudéis!
María Ignacia García Escobar
He oído comentar que el Opus Dei nació en los hospitales y suburbios de Madrid. Es una gran verdad. Allí lo conoció mi hermana María Ignacia y formó parte del Opus Dei. Allí lo conocimos Braulia y yo; y nunca dejaremos de agradecérselo al Señor.
Benilde García Escobar
Recuerdo oír decir a mi herma-na algo de lo que les decía el Padre: que el Señor escribe utili-zando cualquier medio; incluso la pata de una mesa; que utilizaba ins-trumentos desproporcionados para que se viese que la Obra era suya. Hablaba mucho de confiar en Dios: de tener seguridad en El.
Braulia García Escobar