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Camino
San Josemaría
Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios. No te contaré nada nuevo. Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio.

Capítulo: Mortificación

172 Si no eres mortificado nunca serás alma de oración.

173 Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes... Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior.

174 No digas: esa persona me carga. -Piensa: esa persona me santifica.

175 Ningún ideal se hace realidad sin sacrificio. -Niégate. -¡Es tan hermoso ser víctima!

176 ¡Cuántas veces te propones servir a Dios en algo... y te has de conformar, tan miserable eres, con ofrecerle la rabietilla, el sentimiento de no haber sabido cumplir aquel propósito tan fácil!

177 No desaproveches la ocasión de rendir tu propio juicio. - Cuesta..., pero ¡qué agradable es a los ojos de Dios!

178 Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin valor... y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada día, la escondida, sin brillo y sin consuelo..., que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú.

179 Busca mortificaciones que no mortifiquen a los demás.

180 Donde no hay mortificación no hay virtud.

181 Mortificación interior. -No creo en tu mortificación interior si veo que desprecias, que no practicas, la mortificación de los sentidos.

182 Bebamos hasta la última gota del cáliz del dolor en la pobre vida presente. -¿Qué importa padecer diez años, veinte, cincuenta..., si luego es el cielo para siempre, para siempre... para siempre? -Y, sobre todo -mejor que la razón apuntada"propter retributionem"-, ¿qué importa padecer si se padece por consolar, por dar gusto a Dios nuestro Señor, con espíritu de reparación, unido a El en su Cruz, en una palabra: si se padece por Amor?...

183 ¡Los ojos! Por ellos entran en el alma muchas iniquidades. -¡Cuántas experiencias a lo David!... -Si guardáis la vista habréis asegurado la guarda de vuestro corazón.

184 ¿Para qué has de mirar, si "tu mundo" lo llevas dentro de ti?

185 El mundo admira solamente el sacrificio con espectáculo, porque ignora el valor del sacrificio escondido y silencioso.

186 Hay que darse del todo, hay que negarse del todo: es preciso que el sacrificio sea holocausto.

187 Paradoja: para Vivir hay que morir.

188 Mira que el corazón es un traidor, -Tenlo cerrado con siete cerrojos.

189 Todo lo que te no lleve a Dios es un estorbo. Arráncalo y tíralo lejos.

190 Le hacía decir el Señor a un alma que tenía un superior inmediato iracundo y grosero: Muchas gracias, Dios mío, por este tesoro verdaderamente divino, porque ¿cuándo encontraré otro que a cada amabilidad me corresponda con un par de coces?

191 Véncete cada día desde el primer momento, levantándote en punto, a hora fija, sin conceder ni un minuto a la pereza. Sí, con la ayuda de Dios, te vences, tendrás mucho adelantado para el resto de la jornada. ¡Desmoraliza tanto sentirse vencido en la primera escaramuza!

192 Siempre sales vencido. -Proponte, cada vez, la salvación de un alma determinada, o su santificación, o su vocación al apostolado... -Así estoy seguro de tu victoria.

193 No me seas flojo, blando. Ya es hora de que rechaces esa extraña compasión que sientes de ti mismo.

194 Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: Hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel...

195 Tuvo acierto quien dijo que el alma y el cuerpo son dos enemigos que no pueden separarse, y dos amigos que no se pueden ver.

196 Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición.

197 Si han sido testigos de tus debilidades y miserias, ¿qué importa que lo sean de tu penitencia?

198 Estos son los frutos sabrosos del alma mortificada: compresión y transigencia para las miserias ajenas: intransigencia para las propias.

199 Si el grano de trigo no muere queda infecundo. -¿No quieres ser grano de trigo, morir por la mortificación, y dar espigas bien granadas? -¡Que Jesús bendiga tu trigal! C200 No te vences, no eres mortificado, porque eres soberbio. - ¿Que tienes una vida penitente? No olvides que la soberbia es compatible con la penitencia... -Más razones: la pena tuya, después de la caída, después de tus faltas de generosidad, ¿es dolor o es rabieta de verte tan pequeño y sin fuerzas? -Qué lejos estás de Jesús, si no eres humilde..., aunque tus disciplinas florezcan cada día rosas nuevas!

201 ¡Qué sabores de hiel y de vinagre, y de ceniza y de acíbar! ¡Qué paladar tan reseco, pastoso y agrietado! -Parece nada esta impresión fisiológica si la comparamos con los otros sinsabores de tu alma. Es que "te piden más" y no sabes darlo. -Humíllate: ¿quedaría esa amarga impresión de desagrado, en tu carne y en tu espíritu, si hicieras todo lo que puedes?

202 ¿Que vas a imponerte voluntariamente un castigo por tu flaqueza y falta de generosidad? -Bueno: pero que sea una penitencia discreta, como impuesta a un enemigo que a la vez fuera nuestro hermano,

203 La alegría de los pobrecitos hombres, aunque tenga motivo sobrenatural, siempre deja un regusto de amargura. -¿Qué creías? Aquí abajo, el dolor es la sal de nuestra vida.

204 ¡Cuántos que se dejarían enclavar en una cruz, ante la mirada atónita de millares de espectadores, no saben sufrir cristianamente los alfilerazos de cada día! -Piensa, entonces, qué es lo más heroico.

205 Leíamos -tú y yo- la vida heroicamente vulgar de aquel hombre de Dios. -Y le vimos luchar, durante meses y años (¡qué "contabilidad", la de su examen particular!), a la hora del desayuno: hoy vencía, mañana era vencido... Apuntaba: "no tomé mantequilla!" Ojalá también vivamos -tú y yo- nuestra... "tragedia" de la mantequilla.

206 El minuto heroico. -Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y... ¡arriba! -El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza.

207 Agradece, como un favor muy especial ese santo aborrecimiento que sientes de ti mismo.
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