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La santificación del trabajo
José Luis Illanes

Capítulo: Citas

* Ediciones Palabra, S. A., 2001 P. de la Castellana, 210 - 28046 Madrid * Printed in Spain ISBN: 84-8239-533-5 Depósito legal: M. 12.251-2001
1 La santificazione del lavoro, tema del nostro tiempo, en «Studi cattolici» 57 (1965) 33-59.
2 Ediciones Palabra, Madrid 1966, 88 páginas.
3 He hecho ya referencia a la génesis de este ensayo, en el prólogo a otra de mis obras: Ante Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo, Eunsa, Pamplona 1997, pp. 11-13.
4 Se publicó, siempre en Ediciones Palabra, en 1980, constando de 184 paginas.
1 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, n. 31.
2 Sobre la comprensión del laico o cristiano corriente que implican los textos del Concilio Vaticano lI, los desarrollos espirituales y los estudios que confluyeron en las declaraciones conciliares, así como los debates posteriores y la reafirmación y profundización en la doctrina del Vaticano II realizadas por la Asamblea del Sínodo de Obispos celebrado en 1987 y la sucesiva Exhortación apostólica Christifideles laici, puede encontrarse información y bibliografía en nuestro estudio La discusión teológica sobre la noción de laico, en „Scripta Theologica” 22 (1990) 771-789 (recogido después en J. L. ILLANES, Laicado y sacerdocio, Pamplona 2000).
3 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, nn. 40 y 41.
4 Ibid., n. 41.
5 Para un desarrollo de esa idea, ver nuestro estudio La llamada universal a la santidad, en „Nuestro Tiempo“ 162 (1967) 611-630, donde el tema es analizado teniendo a la vista precisamente textos tanto del Concilio Vaticano II como del Fundador del Opus Dei (recogido luego en J. L. ILLANES, Mundo y santidad, Madrid 1984, pp. 65-96).
6 CONC. VATICANO II, Const. Gaudium et spes, n. 34.
7 Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUlNO, Summa Theologiae, 1, q. 103, a.6.
8 CONC. VATICANO II, Decr. Apostolicam actuositatem, n. 4.
9 Para un análisis más detenido de la enseñanza del Vaticano II, ver R. M. NUBIOLA, Trabajo y redención en la „Gaudium et spes“, Terrassa (Barcelona) 1993, y H. FITTE, Lavoro umano e redenzione. Riflessione teologica dalla „Gaudium et spes“ a la „Laborem exercens“, Roma 1996, en ambos casos con buena bibliografía.
10 PABLO VI, Enc. Populorum progressio, n. 27; ver también el n. 28 donde recuerda a la vez el carácter ambivalente que, como toda realidad temporal, intrahistórica, tiene el trabajo. La Populorum progressio fue promulgada el 26-III-1967.
11 ÍDEM, Discurso a la Asociación de Juristas Católicos, 15-XII-1963 (en Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Políglota Vaticana, I, 1963, p. 609). Como puede advertirse, el pasaje que citamos no es posterior sino contemporáneo del Vaticano II; textos posteriores del mismo pontífice, en H. FITTE, Lavoro umano e redenzione, cit., pp. 244-249.
12 JUAN PABLO II, Enc. Laborem exercens, n. 24. Sobre esta Encíclica, junto a nuestro ensayo Trabajo, historia y persona. Ele-mentos para una teología del trabajo en la „Laborem exercens“, en „Scripta Theologica“ 15 (1983) 205-231 (recogido en J. L. ILLA-NES, Ante Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo, Pamplona 1997, pp. 143-178), pueden consultarse, entre otros estudios, AA. VV., Estudios sobre la „Laborem exercens“, Madrid 1987; E. COLOM Y F. WURMSER, El trabajo en JUAN PABLO II, Madrid 1995; H. FITTE, Lavoro humano e redenzione, cit., pp. 251-273, con amplia bibliografía.
13 Durante largo tiempo, afirmaba Henri Sanson, „el aspecto ascético del trabajo ha ocultado su significación humana“ (Spiritualité de la vie active, Le Puy 1957, p. 212; ver también páginas 9-11). Jacques Maritain (Le paysan de la Garonne, París 1966, pp. 73-79; versión castellana: El campesino del Garona, Bilbao 1967, pp. 80-85) expresaba un juicio análogo afirmando que, por una errada interpretación del dicho de algunos grandes místicos -alude a la expresión „desprecio del mundo”- la teología espiritual ha estado afectada, en ocasiones de forma patente, otras larvada, por un maniqueísmo práctico que hacía imposible una apreciación positiva de las realidades seculares, y, por tanto, del trabajo profesional que el cristiano realiza en medio del mundo y sabiéndose parte del mun-do.
14 De ese proceso, y más concretamente de la distinción entre secularización, secularidad y secularismo -por acudir a términos emblemáticos y usuales-, nos hemos ocupado ya con detalle en otros momentos, especialmente en Cristianismo, historia, mundo, Pamplona 1973, e Historia y sentido. Estudios de teología de la historia, Madrid 1997.
15 Un grande problema del giorno: Religione e lavoro, en „L’Osservatore Romano”, 1-IV-1960, p. 3. Cinco años más tarde, ya Pontí-fice y en plena celebración del Concilio Vaticano II, pronunciaba unas palabras, dirigidas a los participantes en un congreso de jóvenes obreros, en las que cabe detectar un eco de ese diagnóstico de la situación, unido a la invitación a superarla: „Toca a vosotros llevar, volver a llevar a Cristo al mundo del trabajo y, especialmente, a las nuevas promociones de trabajadores. No se trata de hacer una propaganda fanática, ni de adoptar posturas de beatos, ni mucho menos de encerrarse en círculos cerrados, o de sentirse ajeno a la participación de la vida obrera. Se trata de no privar, a esa vida del trabajo, de su dignidad espiritual, de sus derechos religiosos y morales; se trata de infundir en el trabajo el sentido cristiano y humano, que lo ennoblece, lo fortifica, lo purifica, lo conforta y lo llena de buenos sentimientos de solidaridad y amistad, y ayuda a defender los propios intereses económicos y profesionales con espíritu de justicia y de comprensión para el bien común. ¿No es vuestra fe, vuestra conciencia cristiana, vuestra certeza religiosa, la que os da el sentido más alto, más seguro, más alegre de la vida? He aquí para qué sirve la fe: ¡sirve para la vida!“ (Discurso al IX congreso nacio-nal de la juventud de la Associazione Católica dei Lavoratori Italiani, ACLI, pronunciado el 5 de enero de 1965; en lnsegnamenti di Paolo VI, vol. III, 1965, pp. 16-17).
16 PABLO VI, Discurso de apertura a la Segunda Sesión del Concilio Vaticano II, AAS, 54 (1963), p. 847.
17 Katholische Dogmatik, párr. 170 (edición castellana, tomo IV, Madrid 1960, p. 315).
18 BEATO JOSEMARÍA ESCRIVÁ, La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia“ y el Opus Dei, Madrid 1949, p. 7 (se trata de una conferencia pronunciada en 1948 en la sede madrileña de la Asociación Católica de Propagandistas, y luego publicada en edición aparte).
19 Véase su Essay on the Development of Christian Doctrine, a lo largo de toda la obra y quizá especialmente las páginas que, al principio de la obra, dedica a poner de manifiesto la conexión entre desarrollo dogmático y fe auténticamente vivida.
20 Cfr. Jn 3,8.
21 JUAN PABLO II, Homilia en la Misa de Beatificación del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, 17-V-1992; expresiones parecidas en el Breve pontificio de Beatificación. Ambos textos pueden consultarse en „Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei“ 8 (1992) 18-20 y 11-15.
22 A. LUCIANI, Cercando Dio nel lavoro quotidiano, en „II Gazzettino“, Venecia, 25-VII-1978.
23 S. BAGGIO, Opus Dei: una svolta nella spiritualitá, en „Avvenire“, Milán, 26-VII-1975. Declaraciones análogas se encuentran en escritos publicados por otras muchas personalidades eclesiásticas; remitamos, a modo de ejemplo, a los testimonios, dados en esas mismas fechas, de diversos cardenales: SERGIO PIGNEDOLI, Mons. Escrivá de Balaguer: un esemplaritá spirituale, en „Il Veltro“, Roma 19 (1975) 275-282; MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN, ¿Cuál sería su secreto?, en „ABC” suplemento dominical, Madrid, 24-VIII-1975; JULlUS ROSALES, Msgr. Escrivá: Profile of a saint, en „Philippines Evening Express“, Manila, 26-VI-1976; AGNELO ROSSI, Mensagem universal de Mons. Escrivá, en „O Estado de S. Paulo“, Sao Paulo, 27-VI y 4-VII-1976; FRANZ KÖNIG, Il significato dell’Opus Dei, en „Corriere della Sera“, Milán, 9-XI-1975; JOHN CARBERRY, The Work of God, en „The Priest“, Huntington (Indiana), VI-1979; LUIS APONTE, La santidad del pueblo de Dios, una pasión de Mons. Escrivá de Balaguer, en „El Visitante de Puerto Rico“, San Juan de Puerto Rico, 11-II-1979; PIETRO PARENTE, Le radici della spiritualitá del fondatore dell’Opus Dei, en „L’Osservatore Rornano“, 24-VI-1979.
24 Así lo hizo, entre otros, el propio JUAN PABLO II, por ejemplo, en una homilía pronunciada durante una Misa celebrada el 19 de agosto de 1979, en la que participaba un numeroso grupo de fieles del Opus Dei: „Vuestra institución -afirmó- tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y de profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo . Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio” (el original italiano de esa homilía se encuentra en „L’Osservatore Romano“, 20/21-VIII-1979; su traducción castella-na, en „L’Osservatore Romano“, edición en español, 26-VIII-1979). Unos años antes, siendo todavía el Cardenal Karol Wojtvla, había tenido ocasión de aludir al Opus Dei en relación precisamente al tema que nos ocupa: el trabajo. Fue en una conferencia pronunciada en 1974, sobre el tema La evangelización y el hombre interior, y en la que, después de haber puesto de manifiesto que el crecimiento del hombre pasa a través del crecimiento interior, se preguntaba cómo se entrelaza el desarrollo humano con el progreso de la técnica y de la praxis que de ella deriva: „¿De qué manera, en definitiva, dominando la faz de la Tierra, podrá el hombre plasmar en ella su rostro espiritual?“. Acto seguido continuó: „Podremos responder a esta pregunta con la expresión -tan feliz y ya tan familiar a gentes de todo el mundo- que Mons. Escrivá de Balaguer ha difundido desde hace tantos años: „santificando cada uno el propio trabajo, santifi-cándose en el trabajo y santificando a los otros con el trabajo“.“ Una versión castellana de esta conferencia está recogida en el libro La fe de la Iglesia. Textos del Card. Karol WojiyIa, Pamplona 1979; las frases citadas están en pp. 94-95.
25 A él remite expresamente JUAN PABLO II en los documentos que destinó a enmarcar el Gran Jubileo del año 2000: el destinado a orientar su preparacion y celebración y el encaminado a glosar su clausura, es decir, la Carta apost. Tertio millennio adveniente y la Carta. apost. Novo millennio ineunte. En ambos documentos (cfr., especialmente, nn. 18-20 del primero y n. 3 y 57 del segundo), lo presenta, en efecto, como acontecimiento decisivo en la historia de la Iglesia del siglo XX y como impulso y orientación para la activi-dad apostólica futura.
26 A lo largo de las páginas que siguen emplearemos varias veces las expresiones „espíritu“, „espiritualidad“ y „espiritualidades“. No es nuestra intención entrar en discusiones sobre la significación estricta de tales vocablos, baste aclarar que el punto de partida de toda reflexión sobre estos temas es la unidad esencial de la espiritualidad cristiana: no hay cristianismo fuera de la identificación con Cristo. Por lo demás, el significado con que en cada lugar empleamos esas voces se deduce claramente del contexto. Sobre este punto, ver lo que hemos escrito en Mundo y santidad, cit., pp. 194-208.
1 Una amplia reseña de ese acto en „L’Osservatore Romano“, 22/23-XI-1965; el texto completo de la intervención del Beato Josema-ría puede encontrarse también en AA.VV, Josernaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, Pamplona 1993, pp. 81-84.
2 Esta entrevista, publicada en „Le Figaro“ del 16-V-1966, se encuentra recogida en Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Tanto este libro como otras obras del Beato Josemaría -Camino, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios, etc- cuentan, además de la paginación, con números marginales que no varían con las diversas ediciones; citaremos, por tanto, remitiendo a ellos; la frase que hemos reproducido en el texto está en Conversaciones, n. 34. Una presentación de las obras del Beato Josemaría publi-cadas hasta la fecha de ese boletín en L. F. MATEO-SECO, Obras de Mons. Escrivá de Balaguery estudios sobre el Opus Dei, en Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, Pamplona 1982, pp. 469-501.
3 Carta 24-III-1930, n. 2. Sobre esta Carta, y en general sobre las Cartas e Instrucciones que redactó el Beato Josemaría en orden a la formación de los fieles del Opus Dei, ver los datos sobre su naturaleza, composición, etc. que da A. VAZQUEZ DE PRADA, El Fun-dador del Opus Dei, vol. I, Madrid 1997, pp. 566-568 y 575-577.
4 Sobre esta fecha de 1928, ver A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei. cit., pp. 288-305, v J. L. ILLANES, Dos de octubre de 1928; alcance y significado de una fecha, en AAVV., Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, cit., pp. 59-99; una amplia reflexión teológica en A. ARANDA, „El bullir de la sangre de Cristo“. Estudio sobre el cristocentrismo del beato Josemaría Escrivá, Madrid 2000, pp. 17 ss. y 81 ss. En relación con esa fecha y, en general, respecto a otros momentos de la vida del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, ver también las diversas semblanzas y biografías publicadas hasta la fecha, como, entre otras, las de A. DEL PORTILLO, Mons. Escrivá de Balaguer, instrumento de Dios, en AAVV., En memoria de Mons. Josema ría Escrivá de Bala-guer, Pamplona 1976, pp. 15-60; S. BERNAL, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Madrid 1976; F. GONDRAND, Al paso de Dios. Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, Madrid 1984; A. SASTRE, Tiempo de caminar. Semblanza de Mons. Josenzaría Escrivá de Balaguer, Madrid 1989, y sobre todo -es la más completa de las publicadas hasta ahora- la recién citada de A. Vázquez de Prada.
5 Entre otros posibles ejemplos, citemos un párrafo de sus Apuntes intimos, que data de junio de 1930, y en el que con frases bre-ves, pero incisivas, describe de forma neta y precisa -esculpe, por así decir- los rasgos que definen la realidad espiritual y apostólica que se sabía llamado a promover y a la que, precisamente por esas mismas fechas, había comenzado a designar como Opus Dei, Obra de Dios: „Simples cristianos. Masa en fermento. Lo nuestro es lo ordinario, con naturalidad. Medio: el trabajo profesional. iTodos santos!”, (Apuntes íntimos, n. 35).
6 En las páginas que siguen no aspiramos a exponer una síntesis de la doctrina bíblica sobre el trabajo, sino a reseñar algunos textos que evidencian la honda raigambre evangélica de la enseñanza del Beato Josemaría. Una breve síntesis de la doctrina bíblica, con remisión a algunos de los numerosos estudios exegéticos sobre el tema, en J. L. ILLANES, Ante Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo, Pamplona 1997, pp. 16-20.
7 Carta 14-II-1950, n. 4.
8 Pueden verse comentarios o referencias a ese texto del Génesis en Conversaciones, n. 24, y en Amigos de Dios, nn. 57, 81, 169.
9 Carta 31-V-1954, n. 17; el texto de Job está citado por la versión de la Vulgata.
10 En uno de sus comentarios a escritos del Fundador del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo ha presentado un florilegio de textos a los que el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer solía acudir en su predicación oral o escrita, para mostrar el hondo sentido positivo de las enseñanzas bíblicas sobre el trabajo: „(...) las palabras del Salmo 103, en el que de un modo maravilloso se da gloria a Dios por la creación y se le alaba por el orden y la armonía que ha dispuesto en el universo, y por el modo en que todas las criaturas -los montes, los valles, las aguas, los animales- le obedecen: exibit homo ad opus situm et ad operationem suam, usque ad vesperum, saldrá el hombre a trabajar, a sus tareas, hasta la tarde (Sal 103, 23). El hombre debe trabajar, porque este es el querer divino, el orden esta-blecido por el Creador (cfr. Gn 2, 15; 3, 23) repetidas veces: sex diebus operaberis, septimo cessabis, trabajarás seis días a la sema-na, y el séptimo descansarás (Ex 23, 12); quodcumque lacere potest manus tua, instanter operare, cuanto puedas trabajar, hazlo alegremente (Si 9, 10). Nuestro Señor Jesucristo nos dio ejemplo de laboriosidad con sus treinta años de vida oculta, dedicado a su trabajo de carpintero (Me 6, 3). Y siguió trabajando siempre: a los que le perseguían porque también los sábados trabajaba -hacía milagros- replicó: Pater meus usque modo operatur, et ego operor, mi Padre trabaja, y por eso trabajo yo también (Jn 5, 17). Jesús condena al que no hace fructificar el talento recibido: serve rnale et piger, siervo malo y perezoso, le apostrofa (Mt 25, 26). Maldice la higuera que no da fruto: iam non amplius in aeternum ex te fructum quisquam manducet... Et, cum mane transirent, viderunt ficum aridam a radicibus. Et recordatus Petrus dixit ei: Rabbi, ecce ficus, cui maledixisti, aruit: nunca jamás coma ya nadie de ti... Y a la mañana siguiente vieron los discípulos, al pasar, que la higuera se había secado de raíz. Con lo cual, acordándose Pedro de lo suce-dido, le dijo: Maestro, mira cómo la higuera que maldijiste se ha secado (Mc 11,14-21). San Lucas recuerda el mandato del Creador: sex dies sunt in quibus oportet operari (13, 14). San Pablo insiste una y, otra vez en la necesidad de trabajar con rectitud de intención: operamini sicut Domino, et non hominibus, trabajad como para el Señor, y no para los hombres (Col 3, 23); y exhorta a llevar una vida quieta, laboriosa, de trabajo (cfr. 1 Ts 4, 11, 2 Ts, 3, 10; 2 Ts 3, 12), dando a sus discípulos un ejemplo constante, que le hace excla-mar con santo orgullo: quae mihi opus erant, et his, qui mecum sunt, ministraverunt manus istae, he trabajado con mis manos, para lograr lo que era necesario para mí y para los que estaban conmigo (Hch 20, 34). Y así, con su trabajo profesional, (Hch 18, 3), man-tiene a sus companeros, les da doctrina, ejercita su apostolado, y puede decir lleno de gozo: nonne opus meum vos estis in Domino? ¿Acaso no sois mi trabajo en el Señor? (1 Co 9,1)“. „Son muchas -añade Mons. Del Portillo, encuadrando su enumeración con unas reflexiones encaminadas a poner de manifiesto el sentido y alcance de esas referencias- las citas de la Sagrada Escritura que se pueden aducir en sufragio de la afirmación de que el hombre tiene que trabajar, porque -así lo manda Dios. Y nuestro Fundador sacó la consecuencia: Si cumpliendo la Voluntad de Dios nos hacemos santos, trabajando -en nuestro trabajo ordinario, en el lugar en que nos puso Dios- nos haremos santos también, y podremos llevar a otros por caminos de santidad (...). La doctrina de nuestro Fundador devuelve al trabajo ordinario su puesto específico en la economía de la creación, y deduce la consecuencia lógica: el trabajo ordinario, hecho con perfección, porque lo quiere Dios, elevado al orden sobrenatural, es medio de santificación -de perfección cristiana- y, por tanto, de apostolado“ (Instrucción V-1935/14-IX-1950, comentario al n. 59).
11 Mc 6, 1-3; Mt 13, 14-56.
12 Camino, n. 356.
13 Es Cristo que pasa, n. 14. Otros comentarios a los años de trabajo de Jesús en Conversaciones, nn. 24 y 70; Es Cristo que pasa, nn. 20 y 22, Amigos de Dios, nn. 56, 81 y 121. Sobre el texto de Jn 12, 32 y su importancia en la experiencia espiritual y la predicación del Beato Josemaría, volveremos más adelante, en el capítulo III. Sobre los presupuestos teológicos de la ejemplaridad de la totalidad de la vida de Cristo, ver G. TANZELLANITTI, „Perfectus Deus, perfectus homo“. Reflexiones sobre la ejemplaridad del misterio de la Encarnación en las enseñanzas del Beato Josemaría, en „Romana“ 13 (1997) 359-381.
14 De la función que la referencia a los primeros cristianos tiene en el espíritu del Fundador del Opus Dei nos ocuparemos de nuevo en páginas posteriores.
15 Es Cristo que pasa, n. 44.
16 Cfr. Jn 21,3; un comentario a este texto en Amigos de Dios, n. 264.
17 Hch 18, 1-3.
18 Véase, por ejemplo: Hch 20,34; 1 Co 4,12; 2 Co 11,12; 12,13; Ef 4,28; 1 Ts 4,11; 2 Ts 3,8-10.
19 Didaché o Doctrina de los Doce Apóstoles, 12, 2-4; versión castellana de Daniel Ruiz Bueno en Los Padres Apostólicos, Madrid 1956, p. 90.
20 Carta 31-V-1954, n. 18; en párrafo inmediamente anterior, escribe „íntimamente ligado a la misma esencia de la espiritualidad propia de los miembros del Opus Dei, está para nosotros el trabajo, el ejercicio de la propia profesión u oficio, elevado o humilde según criterios humanos, porque para Dios la categoría del oficio depende de la categoría sobrenatural del que lo ejercita“.
21 Amigos de Dios, n. 58.
22 Sobre el trabajo en la tradición monástica ver R. SORG, Towards a benedictine Theology of Manual Labor, Lisle (Illinois, USA) 1951; D. SAVRAMIS, „Ora et labora“ bei Basileos dem Grossen, en „Mittelalterliches Jahrbuch” 2 (1965) 22-37; A. BENITO, Los mona-catos de San Basilio y San Agustin, su coincidencia en el pensamiento sobre el trabajo corporal, en „Augustinus“ 17 (1972) 357-396; AA.VV., El trabajo monastico, „Yermo“, 13 (1975), pp. 3-352 (se trata de las actas de la XII Semana de Estudios Monásticos dedicada a ese tema, celebrada en septiembre de 1971); P. MINARD, El trabajo en el monacato de vida simple, en „Yermo“, 14 (1976), pp. 161-175; A. QUACQUARELLI, Travail. Au temps des Péres (1er-7e siècles), en Dictionaire de Spiritualité, t. 15, París 1991, cols. 1190-1207, especialmente cols. 1204-1206.
23 JUAN CASIANO, De institutis coenobiorum, 2, 14 (ed. M. Petschening en „Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum“, vol. XVII, Viena 1888, p. 29; versión castellana: Instituciones Cenobíticas, Ed. Rialp, Colección Neblí, Madrid 1957, p. 7).
24 SAN ATANASIO, Vida de San Antonio, 3 (PG 26, 844); en términos análogos se expresan San Agustín, sobre el que remito a mi estudio Trabajo y vida cristiana en San Agustín, en „Revista Agustiniana“ 38 (1997) 339-377 (recogido iuego en J. L. ILLANES, Ante Dios y en el mundo, cit., pp. 63-91), Y San Benito, Regula Monasteriorum, 48, 8 (ed, R. Hanslik, en „Corpus Scriptorum Ecclesiastico-rum Latinorum“, vol. 7-5, Viena 1950, p. 116; texto latino y versión castellana en San Benito. Su vida y su regla, edición dirigida por García M. Colombas, Madrid 1968, pp. 588-589). Sobre las cuestiones histórico-críticas respecto al origen de la Regla de San Benito pueden encontrarse resúmenes en P. SCHMITZ, Benoit, Saint, en Dictionnaire de Spiritualité, t. 1, París 1937, cols. 1372-1388, y L. BOUYER, La spiritualità dei Padri, Bolonia 1986, 260-271 (es la edición italiana, actualizada por otros autores, de la segunda parte del original francés La spiritualité du Nouveau Testament et des Péres, París 1961), así como en I. M. GÓMEZ, Regla del maestro-Regla de San Benito, Zamora 1988, que ofrece el texto comparado de ambas reglas.
25 De institutis coenobiorum, 2, 12 (ed. Hanslik, pp. 28-29; versión castellana, pp. 73-74); véase SAN BENITO, Regula, 48, 1 (ed. cit., p. 114; pp. 586-587).
26 Casiano recoge esta historia al final del tratado sobre la pereza (De institutis coenobiorum, 10, 24 (ed. citada, pp. 192-219; ver-sión castellana, pp. 370-380).
27 Carta 31-V-1954, n. 17.
28 Es Cristo que pasa, n. 47; ver también Conversaciones, n. 10.
29 Carta 31-V-1954, n. 18.
30 Cfr. A. DEL PORTILLO, Monseñor Escrivá de Balaguer, instrumento de Dios, cit., p. 48. Ver también, del mismo autor, y para una determinación del concepto de trabajo profesional, Les professions, en „La Vie Spirituelle. Supplément”, 51 (1959) 440-449.
31 Carta 31-V-1954, n. 18.
32 Ibídem.
33 „Vais -decía en una de sus Instrucciones más antiguas- a hacer vuestro apostolado desde los cargos más modestos hasta los más importantes de la sociedad (Instrucción 1-IV-1934, n. 24), esbozando un criterio que luego reiteró ampliamente: la posibilidad de encontrar a Cristo y servir a los demás hombres en y desde todas las nobles tareas y profesiones humanas. Ver, entre otros muchos textos, Conversaciones, nn. 18, 26, 40, 49 y 56, donde se reafirma a la vez que el impulso a vivir cristianamente la propia profesión constituye el único objetivo de la actividad del Opus Dei, ya que „los fines del Opus Dei son exclusivamente espirituales. A todos sus miembros, tanto si ejercen una especial influencia social como si no, les pide solo que luchen por vivir una vida plenamente cristiana“ (Conversaciones, n. 49).
34 Carta 9-I-1932, n. 3.
35 Es Cristo que pasa, n. 112.
36 Ibíd., n. 183; ver también Conversaciones, n. 70.
37 Cfr. Ap 21,1.
38 Ga 3,28; cfr. Col 3,11.
39 Cfr. 1 Co 7,21-22.
40 No deja de ser significativo que ambas temáticas -reflexión sobre el trabajo y reflexión sobre la condición laical- tiendan a aflorar contemporáneamente. Así ocurre, de forma muy clara, en la literatura teológica de mediados del siglo XX. Y así ocurrió también en otros momentos históricos; es frecuente, en efecto, que los escritores antiguos que dedican una mayor atención al tema del trabajo -valga el ejemplo de San Juan Crisóstomo- estén también especialmente preocupados por la vida del cristiano corriente en su globali-dad y se esfuercen por evitar que se identifique vida cristiana radical con vida monástica, produciendo así la impresión de que el cris-tiano medio no está llamado a vivir con plenitud el Evangelio. Sobre la doctrina del Crisóstomo acerca del trabajo, el mejor estudio sigue siendo el de L. DALOZ, La travail selon saint Jean Crysostome, París 1939.
41 Regla, 4, 78 (ed. Hanslik, p. 35; versión castellana, ed. cit., pp. 382-383). Para un comentario sobre este punto, ver GARCÍA M. COLOMBAS, La tradición benedictina, t. 2, Zamora 1990, pp. 82-87 y 94-99.
42 Cánones 2 y 3. Cfr. MANSI, Concilia, XX, col. 933.
43 Cabe señalar que la sociedad tenía en esa época una estructura eminentemente jerárquica, basada en la herencia, de tal modo que el acceso a unos u otros oficios y más aún a las funciones rectoras dependía primariamente no tanto de la competencia personal, sino de la pertenencia a unas u otras familias. De ahí, en algunos sectores, una actitud que llevaba a considerar el trabajo como un deshonor o al menos como algo propio de estamentos menos nobles. Desde esta perspectiva, cabe pensar -aunque sin dar a esta observación valor de axioma- que el mensaje sobre la santificación del trabajo resulta más fácilmente inteligible en una época como la contemporánea, en la que el principal elemento de diversificación y estructuración social es la competencia profesional de cada indivi-duo.
44 Ciertamente, era necesario para ello dar un paso que ninguno de los autores anteriores a la época que comentamos había in-tentado y, tal vez, ni siquiera intuido. Y dar un paso grande, también desde una perspectiva dogmático-especulativa, lo que explica, al menos en parte, la evolución posterior. Aun sin compartirlas del todo, cabe evocar en este contexto las observaciones de Congar sobre el ideal monástico como signo de la sustitución de la actitud escatológica propia de la primera comunidad cristiana (tendencia de toda la Iglesia hacia una santidad que se propone como fin o meta), por otra actitud de cuño platónico para la cual es esencial distin-guir entre los perfectos y los imperfectos o menos perfectos (Y. M. CONGAR, Vocabulaire et histoire du laicat, en AAVV., Les laics et la mission de l’Église, París 1962, pp. 13-17). Otros autores (como, por ejemplo, I. HAUSER, Vocation chrétienne et vocation monasti-que selon les Péres, en AA.VV, Laics et vie chrétienne parfaite, Roma 1963, pp. 33-116), ofrecen datos que llevan a matizar esas observaciones, aunque no deja de haber en ellas algo de cierto. Por lo demás, el punto clave no está ahí, a nuestro juicio, sino más bien en la profundización en las perspectivas dogmáticas sobre la relación entre creación y redención evocadas al final del apartado anterior.
45 Sobre su recepción de la distinción entre praxis y poiesis, ver, entre otros muchos textos, Summa Theologiae 1-2. q. 57, aa. 3-4, donde trata también sobre el arte como virtud intelectual; sobre la magnificencia y la magnanimidad, 2-2, qq. 129 y 134. Sobre el con-junto de su doctrina, G. CENACCIE, Il lavoro nel pensiero di Tommaso d’Aquino, Roma 1977, y V. TRANQUILLI, Il concetto di lavoro da Aristotele a Calvino, Milán-Nápoles 1979.
46 Leer todo el Contra impugnantes Dei cultum et religionem, especialmente los capítulos IV (si los religiosos están obligados a trabajar con las propias manos) y VI (si los religiosos pueden vivir de limosnas). Ver también Quaestio disputata de caritate, art. 10, donde describe las ocupaciones seculares como obstáculo a la vida contemplativa; un lenguaje similar en Summa Theologiae, 2-2, q. 122, a. 4, ad 3.
47 Summa Theologiae, 3, q. 27, introducción.
48 Ibíd., 3, q. 40.
49 Ibid., 3, q. 39, a. 3.
50 SAN BUENAVENTURA, Questiones disputatae de perfectione evangelica, q. 2, art. 2 (de la pobreza en cuanto a pedir limosna, en especial, la solución a la objeción 9a y el núm. 5 de la réplica final) y art. 3 (de si los pobres que por sus fuerzas físicas podrían hacerlo, y principalmente los regulares, están obligados universalmente a los trabajos manuales). Conviene advertir que su postura está matizada por la distinción que introduce entre trabajo manual, propio de los labriegos y artesanos, trabajo civil, propio de los gobernantes, militares y comerciantes; y, trabajo espiritual, propio de los que se ocupan de las cosas divinas. No deja, por lo demás, de ser interesante que el orden seguido por San Buenaventura sea el inverso al de Santo Tomás: primero, la licitud de la limosna y, solo luego, la no obligación del trabajo. Pero todo ello queda en el aire, sin llegar a planteamientos radicales.
51 En Opere ascetiche di S. Bonaventura volgarizzate nel trecento, cap. XV: „Ora veggiamo come Gesú fece da dodici anni infino ai trenta anni“ (Verona, Bartolomeo Sorio, 1851, 22 y 23). Las Meditationes vitae Christi, uno de los libros espirituales más leídos en el Medioevo, fueron antiguamente atribuidas a San Buenaventura; la crítica moderna ha demostrado la falsedad de tal atribución: su autor es probablemente el franciscano Jacobo de Cordone. Cfr. C. FISCHER, Die „Meditationes vitae Christi“. Ihre handschriftliche Überlieferung und die Verfasserfrage, en „Archivium Franciscanum Historicum“ XXV (1923), pp. 3-35, 175-209, 30-5-348, 449-483.
52 De imitatione Christi, 1. 1, c. 18 (ed. crítica de T. Lupo, Libreria Editrice Vaticana, 1982, p. 59; para la versión castellana seguimos la de J. E. Nieremberg, Ed. Luz y Vida, Madrid 1941, p. 35).
53 Ibíd. 1.1, e. 22 (ed. cit., p. 67; versión castellana, p. 49); frases similares en 1.1, c. 25; 1.3, c. 26. En esta actitud respecto al tra-bajo, junto a planteamientos ascéticos, puede haber influido también el antiintelectualismo tan marcado en la Imitación; cfr., en ese sentido, 1.3, c. 3 1.
54 Ibíd., 1.1, c. 19; 1.3, c. 30; 1.3, c. 54; ver también 1.4, c. 1, donde comenta, presuponiendo ese sentido, el dicho en Jesús en Mt 11,28.
55 Ejercitatorio de la vida espiritual, parte 4a, c. 43, Ed. Rialp, Colección Neblí, Madrid 1957, p. 217 (el texto en el castellano original puede verse en la ed. crítica de C. Baraut: García Jiménez de Cisneros, Obras completas, t. 2, Montserrat 1965, pp. 306-308). Al margen del parecer del abad Cisneros, y desde una perspectiva estrictamente histórico-lingúística, cabe señalar que, en el castellano de la época, la palabra „trabajo“, aunque empiece a aproximarse al significado moderno, no ha adquirido todavía estabilidad en su uso. Así, por ejemplo, en los Ejercicios de San Ignacio de Loyola -y a parecida conclusión se llegaría en otros autores del momento- el vocablo „trabajo“ no es usado para indicar una actividad profesional humana, sino, en singular, „el trabajo“, para significar la lucha ascética, la entrega a Cristo: y en plural, „los trabajos“, para designar las dificultades, pesadumbres o impedimentos:
a) para el uso en plural, como equivalente a dificultades: Ejercicios, 9a anotación (obras completas de San Ignacio, ed. a cargo de especialistas del Instituto Histórico de la Compañía de Jesús en Roma, Madrid 1952, p. 155): oración sobre el primero, segundo y tercer pecados, 2 punto (o. c., p. 170); oracion sobre el nacimiento de Cristo, 3 punto (o. e., p. 199);
b) para el uso en singular, como equivalente a lucha ascética: Ejercicios, 2 semana, oración del rey temporal, 2a parte, 1, 2 y 3 puntos (o. c.. p. 179).
Con la significación de actividad humana, no la hemos encontrado en los Ejercicios; aparece, en cambio, aunque pocas veces, en las Constituciones y Reglas de la Compañía para indicar una cualidad que deben tener los Superiores en su gobierno, o para aludir a tareas muy concretas al hablar del oficio de los novicios (Reglas del maestro de novicios, 2,1 parte, n. 13; o. c., p. 614) o del enfermero (Reglas del oficio de enfermato acerca de sí mismo, n. 3; o. c., p. 62 1 ).
56 Son muy numerosos los estudios sobre los gremios y corporaciones, y sobre la actitud vital de artesanos y mercaderes, realiza-dos desde la perspectiva de la historia social, jurídica y económica y, más recientemente, de la historia de las mentalidades. Son más escasos, en cambio, los propia y directamente espirituales, aunque tienden a aumentar; y de hecho pueden encontrarse ya referencias y datos, aunque todavía fragmentarios, en la historia de la espiritualidad; ver, por ejemplo, E. PERETTO, Movimenti spirituali laicali de Medioveo, Roma 1985, y E VANDEBROUCK, La spiritualitá del medioevo (s. XII-XVI), Bolonia 1991 (es la versión actualizada y com-pletada por otros autores del original La spiritualité du Moyen Áge, Publicado originalmente en 1966).
57 Para un análisis más concreto y detenido del pensamiento de ambos reformadores, ver especialmente G. WINGREN, Luthers Lehre vom Beruf, Munich 1952; H. J. PRIEN, Luthers Wirtschaftsethik, Gotinga 1992; A. BIELER, L’humanisme social de Calvin, Gine-bra 1969; V. TRANQUILLI, Il concetto di lavoro da Aristolele a Calvino, cit., pp. 25 1 ss.
58 Cfr. Censura del „Catecismo“ de Carranza, en F. CABALLERO, Conquenses ilustres, t. 2: Vida del Ilmo. Sr. D. Fr. Melchor Cano, Madrid 1871, p. 597. Para un estudio más acabado de esta época en general, pueden verse las obras de M. ANDRÉS, Los recogidos. Nueva visión de la mística española (1500-1700), Madrid 1975, y La teología española en el siglo XVI, 2 tomos, Madrid 1976 y 1977; sobre las disputas en torno al Catecismo de Carranza, ver J. I. TELLECHEA, El Arzobispo Carranza y su tiempo, 2 vols., Madrid 1968; a Tellechea se debe también una edición del Catecismo de Carranza (Madrid 1976).
59 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, 2-2, q. 183; E SUÁREZ, De virtute et statu religionis (llamado abreviadamente De Religione), trac. VII, 1 y VIII a X, en Opera omnia, ed. Vives, París 1856-1878; véase también la exposición de PASSERINI, De hominum statibus et officiis, Roma 1669, e. 1. Para un ulterior estudio histórico puede consultarse J. FORNÉS, La noción de „status“ en Derecho canónico, Pamplona 1975.
60 Introduction a la vie dévote, prefacio (en la ed. las Oeuvres complétes, t. 3, Annecy, 1893, t. 3, p. 6; versión castellana en Obras selectas de San Francisco de Sales, Madrid 1953, t. 1, p. 41). Recordemos que la Introducción a la vida devota data de 1609, y remi-tamos, como reconocimiento oficial de la importancia de la figura de San Francisco de Sales en la historia de la espiritualidad, a la Carta apostólica Sabaudiae gemma, de Pablo VI, 29-I-1967 (AAS, 59, 1967, 113-123). Para una introducción al estudio de su doctrina, ver P. SEROUET, Francois de Sales, Saint, en Dictionnaire de Spiritualité, t. 5, París 1964, cols. 1057-1097, y A. PEDRINI, Francesco di Sales, Santo, en Dizionario Enciclopedico di Spiritualitá, t. 2, Rorna 1990, pp. 1047-1058.
61 De hecho, San Francisco de Sales no solo fue personalmente fundador del Instituto de la Visitación, sino que en él se inspiraron diversas congregaciones y sociedades religiosas; puede verse un intento de lista en R. PERRINI, Saint Francois de Sales, en Diction-naire de Théologie Catholique, t. 6, col. 761.
62 Tal es, como se recordará, el juicio que formulaba el Cardenal Albino Luciani, futuro Papa Juan Pablo I, en artículo que citábamos en el capítulo anterior.
63 No deja de ser significativo, pues muestra lo arraigado de la actitud a la que nos referimos, el que se detecte incluso en autores que, llevados por un hondo celo apostólico, realizaron una amplia labor pastoral entre fieles de las más diversas condiciones. Tal es, por ejemplo, el caso de San Alfonso María de Ligorio. Así, de una parte, en la Práctica del amor a Jesucristo escribe: „En gravisímo error están quienes sostienen que Dios no exige que todos seamos santos, y cada uno según su estado, el religioso como religioso, el seglar como seglar, el sacerdote como sacerdote, el casado como casado, el mercader como mercader, el soldado como soldado, y así de los demás estados y, condiciones” (Pratica da Amore di Gesú Cristo, c. 8, en Opere ascetiche, ed. Marietti, Torino 1845, vol. 1, p. 703: Versión castellana en Obras asceticas de San Alfonso Maria de Liguorio, vol. 1, Madrid 1952, p. 392). Sin embargo, en Las gIorias de María, al comentar la presentación de la Virgen al templo, nos dice: „María conocia que el mundo esta lleno de peligros y que quien antes lo abandona antes se ve libre de sus lazos; por eso se apresuro a abandonarlo todo desde su más tierna edad, y acudio a encerrarse en el sagrado recinto del templo“ (parte II. DICURSO III, punto I; versión castellana, o. c., p. 774).
64 Respecto a la bibliografía sobre San Juan Bosco y su obra, la mejor fuente de información la constituye la revista „Ricerche stori-che salesiane“, con sede en Roma, cuya publicación comenzó en 1982.
65 A modo de ejemplo señalemos algunos de esos estudios: P. DABIN, Le sacerdoce royal des fidéles, 2 vols., París 1945 y 1950; R. SPIAZZI, La missione dei laici, Roma 1952; Y. M. CONGAR, Jalons pour une théologie du laicat, París 1953; G. PHILIPS, Le róle di laicat dans l’Église, París-Tournai 1954, y a partir de ahí una amplísima bibliografía sobre la que puede encontrarse información en el balance realizado por R. GOLDIE, Laici, laicato, laicitá. Bilancio di trent’anni di bibliografia, Roma 1986, y en la obra colectiva, coordi-nada por A. SCOLA, Il laicato. Rassegna bibliografica, Cittá del Vaticano 1987.
66 Entre las diversas obras filosóficas o teológicas que se publicaron en las primeras décadas, seleccionamos algunas a modo de ejemplo: E. BORNE y F. HENRY, Le travail et l’homme, París 1937; G. THILS, Théologie des réalités terrestres, Lovaina 1946; J. VIALATOUX, Signification humaine du travail, París 1953; la obra colectiva Cristo lavoratore, Roma 1955; M. D. CHENU, Pour une théologie du travail, París 1955. Intentos de una visión panorámica, abarcando también obras posteriores, se pueden ver en J. DAVID, Teología de las realidades terrenas, en J. FEINER, J. TRUSCH y F. BÜCKLE, (dirs.), Panorama de la Teología actual, Madrid 1961, pp. 675-706; AA.VV., Il lavoro nella vita spirituale, Milán 1965; K. V. TRUHLAR, Il lavoro cristiano, Roma 1966 (traducción del original redactado en latín y publicado en 1961); M. D. CHENU, Trabajo, en Conceptos fundamentales de la teología, Madrid 1967, t. IV pp. 368-382; ID., Trabajo, en Sacramentum mundi. Enciclopedia teológica, Barcelona 1978, t. 6, pp. 671-683; G. ANGELINI, La teologia cattolica e il lavoro, en „Teologia“ 8 (1983) 3-29 (este artículo, que incluye también referencias a épocas anteriores, coincide, con pequeñas diferencias, con la voz Lavoro, del Nuovo dizionario di teologia, Roma 1982, pp. 702-725); H. FITTE, Lavoro umano e re-denzione. Riflessione teologica dalla „Gaudium et spes“ a la „Laborem exercens“, Roma 1996, capítulos segundo y octavo (pp. 45 ss. y 211 ss.).
67 Con anterioridad al Concilio, el Magisterio eclesiástico y concretamente el pontificio, se habían hecho eco de la dimensión espiri-tual del trabajo, aunque, ciertamente, con menos hondura que en los documentos conciliares. Manifestaciones de ese eco a que nos referimos son, a partir de la Rerum novarum de León XIII, diversos pasajes de las sucesivas encíclicas sociales, cuya perspectiva es predominantemente teológico-moral, pero en las que no faltan incursiones en la temática espiritual (ver, por ejemplo, las referencias que ofrece H. FITTE, Lavoro humano e redenzione, cit., pp. 2 1 ss.), así como algunas intervenciones situadas más directamente en este plano. Tal es el caso, por ejemplo, de la institución de fiestas litúrgicas, como la de San José Obrero, por Pío XII (AAS, 47, 1955, 402-407; 48, 1956, 226-237 y 287-292) y, antes, la de la Sagrada Familia por León XIII (AAS, ed. de Victorío Piazzesi, 25, 1892, 8-10); o de la colación de indulgencias, como la realizada por Pío XII que, refiriéndose en concreto a los miembros del Opus Dei, mediante dos Breves -el Cum Societatis, del 28 de junio de 1946, y Mirifice de EccIesia, del 20 de junio de 1947-, otorgó indulgencias por las jaculatorias que se dijeran durante el ejercicio del trabajo, tanto manual como intelectual. Uno y otro breve constituyen probablemente, por lo demás, el precedente del Decreto del 25 de noviembre de 1961 por el que la Sagrada Penitenciaría concedía indulgencias a quienes ofrecieran a Dios su trabaio, concesión recogida después, con alguna variante, en el Enchírídion indulgentiarum, promulgado el 29 de junio de 1968, así como en las ediciones posteriores.
68 Aunque ya hemos aludido a esta cuestión en páginas anteriores, quizá resulta oportuno reiterar al llegar a este punto que la palabra „mundo“ recibe en la tradición teológica cristiana -y conviene recordarlo para evitar equívocos- diversas significaciones, de las cuales dos resultan en nuestro contexto, de particular interés: la socio-antropológica, o el mundo como conjunto de realidades y afanes entre los que el hombre vive, y la bíblico-soteriológica, o el mundo como situación en la que reina el pecado, necesitada, por tanto, de redención. Es obvio, y así lo indicamos en el texto, que todo cristiano tiene que salir del mundo en el segundo sentido de la palabra, pero no en el primero -a no ser aquellos a quienes Dios, en virtud de una vocación peculiar, se lo indique-, ya que ese mundo no es expresión del mal o fruto del pecado, sino realidad conforme a la naturaleza humana y santificable por la acción de la gracia. Para una profundización en la noción cristiana de mundo, ver lo que hemos escrito en Cristianismo, historia, mundo, Pamplona 1973.
69 Epist. CXXV ad Rusticum monachum, n. 8 (PL 22, 937).
70 En 1963, Mons. Philippe, entonces Secretario de la Congregación de Religiosos, en una conferencia dirigida a religiosos y religio-sas se expresaba en los siguientes términos: „Para responder a la finalidad esencialmente teologal de toda la vida religiosa, los mis-mos Institutos de vida activa crean en cada una de sus casas un ambiente tranquilo, destinado a proteger, a estimular y a perfeccionar la vida interior de los propios religiosos. De ahí salen para servir al prójimo, ahí vuelven para dedicarse a Dios”. La conferencia, pro-nunciada en Canadá fue luego incluida por el Centro Studi della Unione Superiori Maggiori d’Italia en un volumen titulado Rinnova-mento e adattamento degli Istituti Religiosi, Milán 1965; la frase citada está en p. 59.
71 Véase a modo de ejemplo este texto del Decr. Perfectae caritatis: „Piensen los miembros de los diversos institutos (religiosos) que por la profesión de los consejos evangélicos han respondido a la vocación divina, de suerte que vivan para Dios, no ya solo por haber muerto al pecado (cfr. Rm 6,11), sino también por su renuncia al mundo“ (n. 5). Y, en el trasfondo, los dos siguientes de la Lu-men gentium: „Los religiosos, por su estado, dan un preclaro y, eximio testimonio de que el mundo no puede transfigurarse ni ofrecer-se a Dios fuera del espíritu de las bienaventuranzas“ (n. 31); „Al no tener el Pueblo de Dios una ciudad permanente aquí, en este mundo, puesto que busca la futura, el estado religioso, que deja más libres a sus seguidores frente a las ocupaciones terrenales, manifiesta claramente a todos los fieles la presencia de los bienes celestiales ya en esta vida, a la vez que da un testimonio de la vida nueva y eterna conseguida por la redención de Cristo y preanuncia la futura resurrección y la gloria del Reino Celestial“ (n. 42).
72 Para un comentario sobre esos documentos y la historia de su redacción, ver G. PHILIPS, La Iglesia y su misterio en el Concilio Vaticano Il. Historia, texto y comentario de la constitución „Lumen gentium“, Barcelona 1968, t. 2, pp. 155 ss.; M. J. SCHOENMAE-CKERS, Genése du chapitre VI „De Religiosis“ de la Constitution dogmatique sur l’Église „Lumen gentium, Roma 1983; P. MOLINARI y P. GUMPEL, Il capitolo VI „De Religiosis“ della Costituzione dogmatica sulla Chiesa, Milán 1985; R. LATOURELLE (dir.), Vaticano II. Balance y perspectivas, Salamanca 1990 (capítulo VII, dedicado a la vida consagrada, con colaboraciones de M. Ruiz Jurado, A. Queralt, J. Beyer y otros).
73 CIC 83, parte III, cánones 573ss. Para un comentario al Códilgo, ver T. RINCÓN y otros, Los institutos de vida consagrada, en AA.VV., Comentario exegético al Código de Derecho Canónico, vol. 2, Pamplona 1996, pp. 1381 ss.
74 La asamblea del Sínodo tuvo lugar en octubre de 1994 y versó sobre „La vida consagrada y su función en la Iglesia y en el mun-do“. La Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata fue promulgada por JUAN PABLO II el 25 de marzo de 1996.
75 Carta 19-III-1954, nn. 29 y 34. En términos parecidos en una entrevista concedida en 1968: „El camino de la vocación religiosa me parece bendito y necesario en la Iglesia, y no tendría el espíritu de la Obra el que no lo estimara. Pero ese camino no es el mío, ni el de los socios del Opus Dei. Se puede decir que, al venir al Opus Dei, todos y cada uno de sus socios lo han hecho con la condición explícita de no cambiar de estado. La característica específica nuestra es santificar el propio estado en el mundo, y santificarse cada uno de los socios en el lugar de su encuentro con Cristo: este es el compromiso que asume cada socio, para realizar los fines del Opus Dei“ (Conversaciones, n. 62).
76 Carta 19-III-1954, n. 36.
77 La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia” y el Opus Dei, Madrid 1949, p. 20; textos parecidos en diversos lugares de Conversaciones (ver, por ejemplo, n. 62).
78 Cfr. La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia“ y el Opus Dei, cit., p. 3.
79 Camino, n. 925. Camino, cuya primera edición apareció en 1939, es la reclaboración y ampliación de otra obra anterior, Conside-raciones espirituales, comenzada a escribir por el Fundador del Opus Dei a principios de la década de 1930 -en 1932 la publicó en parte a multicopista- y editada por primera vez en 1934. Cuando alguno de los puntos de Camino que citemos esté ya en Considera-ciones espirituales, lo señalaremos indicando la página de este libro en que aparece; el punto sobre los primeros cristianos que aca-bamos de mencionar se encuentra concretamente en p. 99. Para un estudio específico sobre Camino, ver P. RODRIGUEZ, „Camino“ - y la espiritualidad del Opus Dei, en „Teología Espiritual“ 9 (1965) 213-245 (recogido en P. RODRÍGUEZ, Vocación, trabajo, contempla-ción, Pamplona 1986, pp. 85-122) y AAVV., Estudios sobre „Camino“, Madrid 1988.
80 Conversaciones, n. 24. No está fuera de lugar añadir que el Fundador del Opus Dei remitió, a los primeros cristianos no solo en referencia al trabajo -punto que ya hicimos notar en páginas anteriores-, sino también con otros muchos motivos; por ejemplo, para hablar de afán de santidad (Es Cristo que pasa, n. 96), de vibración apostólica (Amigos de Dios, nn. 63 N 269), de oración (Es Cristo que pasa, nn. 134 y 153; Amigos de Dios, n. 242), de fraternidad (Amigos de Dios, n. 225), de santificación de la vida matrimonial (Conversaciones, n. 89; Es Cristo que pasa, n. 30), etc. La lectura de los textos a los que remitimos y otros paralelos, muestra además que, sin excluir, como es lógico, a los integrantes de la primera comunidad apostólica, el Beato Josemaría dirige su atención, cuando habla de los primeros cristianos, a cuantos, sea en Palestina, sea en otros lugares, se convirtieron a la fe cristiana y procuraron plas-marla en las situaciones en que a cada uno le era dado vivir. Sobre esta temática pueden encontrarse más datos en D. RAMOS-LISSON, El ejemplo de los primeros cristianos en las enseñanzas del Beato Josemaría, en „Rornana“, 15 (1999) 292-307.
81 El Beato Josemaría dejó constancia de ello en diversos momentos, como, por ejemplo, en unas palabras pronunciadas el día en que se celebraba el treinta y cuatro aniversario de la fundación del Opus Dei: „¿Realmente comenzó la Obra el 2 de octubre de 1928?“, se preguntó a sí mismo. Y continuó inmediatamente después: „Sí, hijo mío, se comenzó el día 2 de octubre de 1928. Desde ese momento no tuve ya tranquilidad alguna (...) Tenía yo veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor: nada más. Pero, asi como los hombres escribimos con la pluma, el Señor escribe con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es lo increíble, eso es lo maravilloso. Había que crear toda la doctrina teológica y ascética, y toda la doctrina jurídica. Me encontré con una solución de continuidad de siglos: no había nada. La Obra entera, a los ojos humanos, era un disparatón“ (apuntes tomados durante una meditación que predicó el 2-X-1962). Fue su fidelidad a la luz y la misión recibidas en octubre de 1928 lo que hizo que ese „dispa-ratón“ dejara de serlo para convertirse en realidad y sus enseñanzas en doctrina universalmente aceptada.
82 Sobre el proceso histórico-jurídico gracias al cual el Opus Dei alcanzó la configuración jurídica adecuada a su carisma fundacio-nal, ver lo que hemos escrito, en colaboración con A. de Fuenmayor y V. Gómez Iglesias, en El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, Pamplona 1989, así como V. GÓMEZ-IGLESIAS, A. VIANA yJ. MIRAS, El Opus Dei, Prelatura personal. La Constitución apostólica „Ut sit“, Pamplona 2000. Sobre la figura de las Prelaturas personales, ver P. RODRíGUEZ. Iglesias particulares y prelaturas personales, Pamplona 1985; J. MARTÍNEZ TORRÓN, La configuración jurídica de las prelaturas personales en el Concilio Vaticano II, Pamplona 1986; A. DE FUENMAYOR, Escritos sobre prelaturas personales, Pamplona 1988; G. LO CASTRO. Le prelatu-re personali. Profili giuridici, Milán 1999.
83 Carta 19-III-1954, nn. 26 y 29.
84 Conversaciones, n. 24. „El Opus Dei -afirmaba en términos muy parecidos en la conferencia de 1948 ya varias veces citada- agrupa en su seno a cristianos de todas clases, hombres y mujeres, célibes y casados, que estando en medio del mundo, mejor dicho, que siendo del mundo -pues son seglares corrientes- aspiran, por vocación divina, a la perfección cristiana“ (La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia“ y el Opus Dei, cit., p. 19).
85 Conversaciones, n. 66. El Cardenal Sergio Pignedoli, en aquellos años Presidente del Secretariado para los No Cristianos, se hizo eco de esas expresiones en un artículo destinado a glosar el espíritu del Opus Dei a raíz del fallecimiento de su Fundador: „El cristiano consciente de sí está en el mundo sin complejos y sin ficciones. No tiene que penetrar -como a veces se dice- donde ya se encuentra por derecho propio, puesto que el creyente no es ni puede ser -ni siquiera psicológicamente- alguien extraño al mundo; es plenamente ciudadano del mundo, al igual que cualquier otro hombre“ (Mons. Escrivá de Balaguer. Un esemplaritá spirituale, en „II Veltro“, 19, 1975, 277).
86 Conversaciones, n. 62; ver también n. 72. Como puede advertirse en esta entrevista, concedida en 1968, el Fundador del Opus Dei empleó, como en otros de sus escritos, la palabra „socios“ para referirse a los fieles del Opus Dei. Era la terminología que resulta-ba necesario usar en aquel momento. Una vez erigido el Opus Dei en Prelatura personal se habla, con propiedad, de „miembros“ o de „fieles“.
87 La referencia a la secularidad como realidad no meramente sociológica sino teológica y, paralelamente, a las virtudes de la senci-llez y de la naturalidad, ocuparon siempre un lugar de primer plano en la predicación del Beato Josemaría; textos especialmente signi-ficativos pueden encontrarse en Amigos de Dios, nn. 90 y 121. Para un comentario sobre esta temática ver, entre otros, A. GARCÍA SUÁREZ, Existencia secular cristiana, en „Scripta Theologica“, 2 (1970), pp. 154-164 (recogido en A. GARCÍA SUÁREZ, Eclesiología, catequesis, espiritualidad, Pamplona 1998, pp. 643-665); J.-M. PERO-SANZ, Una secularidad con estilo apostólico, en „Iglesia viva“, 35-36 (1971), pp. 429-444; J. ORLANDIS, Una espiritualidad laical y secular, en AA.VV., Cristianos corrientes, Madrid 1970, pp. 29-65; J. L. ILLANES, Iglesia en el mundo: la secularidad de los miembros del Opus Dei, en P. RODRíGUEZ, F. OCÁRIZ y J. L. ILLANES, El Opus Dei en la Iglesia. Introducción eclesiológica a la vida y apostolado del Opus Dei, Madrid 1993, pp. 199-303; A. ARANDA, „El bullir de la sangre de Cristo“. Estudio sobre el cristocentrismo del beato Josemaría Escrivá, cit., pp. 255ss.
88 Respecto a una fundamentación de la diversidad de posiciones eclesiales, remitimos a nuestra obra Laicado y sacerdocio, Pam-plona 2000.
1 Un ejemplo de este método es el seguido por Pedro Rodríguez en el ensayo sobre La economía de la salvación y de la secularidad cristiana, en „Scripta Theologica, 9 (1977) 9-128 (recogido en P. RODRÍGUEZ, Vocación, trabajo, contemplación, Pamplona 1986, pp. 124-218).
2 Carta 19-III-1954, n. 9.
3 Camino, n. 799.
4 Carta 24-III-1930, n. 2.
5 Conversaciones, n. 26.
6 Sobre este tema puede verse lo que hemos escrito en la voz Vocación en la Gran Enciclopedia Rialp, t. 23, pp. 658-662 (recogido después en J. L. ILLANES, Mundo y santidad, Madrid 1984, pp. 97-120), así como F. OCÁRIZ, Vocación a la santidad en Cristo y en la Iglesia, en F. OCÁRIZ, Naturaleza, gracia y gloria, Pamplona 2000, pp. 224-239, y, del mismo autor, La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia, en R RODRÍGUEZ, F. OCARIZ y J. L. ILLANES, El Opus Dei en la Iglesia. Introducción eclesiológica a la vida y apostolado del Opus Dei, Madrid 1993, pp. 135-198.
7 Carta 9-I-1932, n. 9.
8 Es Cristo que pasa, n. 45; ver también nn. 1 y 31-33.
9 1 Co 7,24.
10 Instrucción 1-IV-1934, n. 23.
11 Ver también Camino, nn. 832 y 837 (Consideraciones espirituales, pp. 78 y 79).
12 Carta 31-V-1954, n. 18.
13 Camino, n. 965. Aunque sea obvio, tal vez no resulte inútil señalar que sea el texto paulino, sean los del Beato Josemaría, han de ser leídos en clave teológica. En otras palabras, cuando se habla de no salir de su sitio, de permanecer en la vocación en la que Dios llamó, no se hace con la intención de excluir los cambios que son producto del desarrollo profesional, social, etcétera, sino con la de afirmar que la vocación cristiana no implica, de por sí, cambio alguno, ya que invita a santificar la situación humana en que se vive, sea esta estable o cambiante según lo que el dinamismo histórico haga posible o traiga consigo. Sobre este punto, ver P. RODRIGUEZ, Sobre la espiritualidad del trabajo, en „Nuestro Tiempo“, 35 (1971), p. 379.
14 Camino, n. 315.
15 Ibíd., n. 743.
16 Conversaciones, n. 116. Ver también: Camino, nn. 776 (Consideraciones espirituales, p. 72) y 822 (Consideraciones, n. 88), y Amigos de Dios, n. 8: en este último texto acude a una comparación usual en sus labios: la de Tartarín de Tarascón, que soñaba con encontrar leones en los pasillos de su casa y, naturalmente, no los hallaba, quedándose así con las manos vacías.
17 Jn 17,15.
18 Camino, n. 939 (Consideraciones espirituales, p. 97). „La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitio, pero exige que abando-nemos todo lo que estorba al querer de Dios“ (Es Cristo que pasa, n. 33). „El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad desde dentro, estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene -no por característica real, sino por defecto voluntario, por el pecado- de negación de Dios, de oposición a su amable Voluntad salvífica“ (Es Cristo que pasa, n. 125).
19 Camino, n. 155; ver Es Cristo que pasa, n. 58.
20 Camino, n. 420 (Consideraciones espirituales, p. 43).
21 Ibid. n. 432 (Consideraciones espirituales, p. 45).
22 Ibid., n. 783 (Consideraciones espirituales, p. 73).
23 Ibíd., n. 784 (Consideraciones espirituales, p. 74),
24 Ibid., n. 280 (Consideraciones espirituales, p. 44).
25 Ibíd., n. 291.
26 Ibid., n. 427 (Consideraciones espirituales, p. 44).
27 Carta 24-III-1930, n. 10. La Santa Sede, en uno de los decretos de aprobación otorgados al Opus Dei, Decreto Primum inter, del 16-VI-1950, se hizo eco de esas afirmaciones dejando constancia de que sus miembros „ejercen, con el mayor empeño, todas las profesiones civiles honradas; y, por profanas que sean, procuran siempre santificarlas mediante una pureza de intención constante-mente renovada, con el afán de crecer en vida interior, con una abnegación continua y alegre, con el sacrificio de un trabajo duro y tenaz que debe ser perfecto en todas sus dimensiones“ („Omnes civiles honestas professiones maxima sollertia exercent: et quamivis profanae sint, socii, saepius renovata intentione, fervido interioris vitae cultu, continua atque hilari sui abnegatione, paenitentia duri tenacisque laboris qui sub omni respectu perfectus evadat, eas sanctificare iugiter satagunt“).
28 19-III-1954, n. 32; la cita latina es de San León Magno, Sermon de Nativitatis Christi, 21, 3 (PL 54, 192).
29 Es Cristo que pasa, n. 134; Ver tambén Amigos de Dios, nn. 2-3.
30 Carta 24-III-1930, n. 19.
31 Camino, n. 282 (Consideraciones espiritidales, p. 31 ).
32 Carta 15-VIII-1953. n. 17.
33 Carta 15-X-1948, n. 6; ver también Amigos de Dios, n. 60, Es Cristo que pasa, n. 46.
34 Cfr. Es Cristo que pasa, n. 47; Conversaciones, n. 60.
35 Conversaciones, nn. 113 y 114.
36 Ibid., nn. 114 y 116. La importancia de esta homilía ha sido señalada por diversas personalidades, entre otras, por el Cardenal Franz König (II significato dell’Opus Dei, en „Corriere della sera“, Milán, 26-VII-1975); una introducción histórica y un comentario dete-nido de su texto, en P. RODRÍGUEZ, Vivir santamente la vida ordinaria, en AA.VV., JosemarÍa Escrivá de Balaguer y la universidad, Pamplona 1993, pp. 225-258.
37 Carta 19-III-1954, n. 6.
38 Carta 14-II-1950, n. 20.
39 Carta 19-III-1954, n. 7; encontramos, en la frase final del texto citado, un eco del pasaje de Jn 12, 32, del que nos ocuparemos más ampliamente en páginas posteriores. Por lo demás, y más allá de ese texto -aunque incluyendolo- quizá sea este el momento adecuado para señalar que el espíritu que vivió y transmitió el Beato Josemaría es hondamente cristológico y, por consiguiente, sa-cramental: toda su enseñanza respecto al vivir cristiano en el mundo presupone siempre la afirmación de la gracia bautismal, enrique-cida por la ulterior vida sacramental y en especial por la Eucaristía. Sobre la radicación teológico-dogmática de la enseñanza del Beato Josemaría pueden encontrarse intentos de aproximaciones de carácter sintético en el estudio de Pedro Rodríguez ya citado en la nota 1, y en J. M. CASCIARO, La santificación del cristiano en medio del mundo, en AA.VV., Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, Pamplona 1985, pp. 109-171, así como en estudios que citaremos en notas posteriores en relación con la filiación divina, la participación en el sacerdocio de Cristo, etc.
40 Ibid., n. 6.
41 Es Cristo que pasa, n. 112.
42 Conversaciones, n. 116.
43 Ibid., n. 70.
44 Ver R. GARCÍA DE HARO, Homilías: „Es Cristo que pasa“, en „Scripta Theologica“, 5 (1973), 397, así como, para una exposición más amplia, lo que hemos escrito en la voz Mundo, en la Gran Encielopedia Rialp, t. 16, pp. 450 ss. (recogida en Cristianismo, historia, mundo, Pamplona 1973, pp. 171 ss.).
45. J. ECHEVARRIA, Il cristiano non puó attendere passivamente la fine della storia, en „II Tempo“ (Roma), 12-IV-1998 (recogido en „Romana” 14, 1998, 97-99).
46 Es Cristo que pasa, n. 98.
47 Ibídem.
48 Ibídem.
49 Ibid., nn. 98 y 99.
50 Instrucción 19-III-1934, n. 33. Evoquemos también un pasaje del ya citado decreto pontificio Primum inter del 16-VI-1950, por el que la Santa Sede confirmó de modo definitivo la aprobación del Opus Dei, concretamente el momento en el que ese decreto, reco-giendo palabras textuales del Fundador, subraya que de la profunda unidad de vida que inculca el espíritu del Opus Dei nace „la nece-sidad y como el instinto sobrenatural de purificar todas las acciones, elevándolas al orden de la gracia, de santificarlas y de convertirlas en instrumento de apostolado“ („...nascitur necessitas et veluti instinctus supernaturalis omnia purificandi, elevandi ad ordinem gratiae, sanctificandi et convertendi in instrumentum apostolatus“).
51 Amigos de Dios, n. 62. La centralidad del trabajo en el espíritu del Opus Dei y en la vida de sus fieles se encuentra ampliamente recogida y subrayada en el Codex iuris particularis Operis Dei, es decir, en los Estatutos del Opus Dei, promulgados en el momento mismo de su erección como Prelatura personal; ver, por ejemplo, nn. 2, && 1 y 2; 3, & 1, 79, & 1; 82; 86, && 1 y 2; 90; 93; 112; 113; 117; 119. Los Estatutos pueden consultarse en varios de los estudios sobre Opus Dei ya citados, concretamente: A. DE FUENMA-YOR, V. GóMEZ IGLESIAS y J. L. ILLANES, El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, Pamplona 1989, pp. 628-657; P. RODRíGUEZ, F. OCÁRIZ y J. L. ILLANES, El Opus Dei en la Iglesia. Introducción eclesiológica a la vida y apostolado del Opus Dei, Madrid 1993, pp. 309-346; V. GÓMEZ IGLESIAS, A. VIANA y J. MIRAS, El Opus Dei, Prelatura personal. La Constitución apostólica „ Ut sit“, Pamplona 2000, pp. 131-165. En las remisiones que hagamos posteriormente, los citaremos sencillamente como Estatutos.
52 Carta 31-V-1954, n. 18; textos paralelos en Es Cristo que pasa, n. 46; Amigos de Dios, n. 9, y Conversaciones, n. 70; cfr. también Estatutos, n. 86, & 2.
53 De hecho en los escritos del Beato Josemaría se pasa con frecuencia de la expresión „santificar el trabajo“ a „santificar la vida ordinaria“, ya que una y otra realidad son vistas en íntima relación: el trabajo es trabajo profesional, tarea u oficio que integra en la sociedad, y la vida ordinaria, teniendo otras facetas (entre ellas la vida familiar, a la que también aplicó el Beato Josemaría la frase trimembre citada en el texto: cfr., por ejemplo, Es Cristo que pasa, n. 23) connota de modo muy particular el trabajo, elemento decisivo e imprescindible del vivir en el mundo: otros elementos (el matrimonio o la militancia política especializada, por ejemplo) pueden faltar sin merma de la secularidad; el trabajo, no. Sobre este último punto, ver J. SALINAS, Matrimonio, celibato y laicado, en „Palabra”, 8 (1966) 7-10. Sobre la conexión entre trabajo y vida ordinaria, puede consultarse además lo que hemos escrito en Trabajo, caridad, justicia. La santificación del trabajo según las enseñanzas del Beato Josernaría Escrivá, en AA.VV., Santidad y mundo. Estudios en torno a las enseñanzas del Beato Josernaria Escriva, Pamplona 1996, pp. 218-220 (también en J. L. ILLANES, Ante Dios y en el mun-do. Apuntes para una teología del trabajo, Pamplona 1997, pp. 113-115).
54 En esa misma dirección apunta el hecho de que, en diversos textos del Beato Josemaría, la referencia a santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar con el trabajo venga precedida de declaraciones que subrayan ese nexo profundo, más aún, esa compenetración, ese pasar de la santidad -valga la expresión- por el trabajo en cuanto tal. Así ocurre, por ejemplo, en el n. 18 de la Carta 31-V-1954 en el que la neta declaración que antes citábamos („sin sacar a nadie de su sitio“: Cfr. nota 12) viene precedida por la siguiente: „El trabajo profesional (...) es no solo el ámbito en que los miembros del Opus Dei deben buscar la perfección cristiana, sino el medio y el camino de que se sirven para conseguirla“.
55 Las consideraciones que exponemos pueden completarse con F. OCÁRIZ, El concepto de santificación del trabajo, en AA.VV., La misión del laico en la Iglesia y en el mundo, Pamplona 1987, pp. 881-891 (recogido en F. OCÁRIZ, Naturaleza, gracia y gloria, cit., pp. 263-27 l); P. RODRIGUEZ, Vocación, trabajo, contemplación, pp. 73-84; W MAY, Santidad y vida ordinaria, en Santidad y mundo, cit., pp. 55-87, y G. FARO, Il lavoro nell’insegnamento del Beato Josemaría Escrivá, Roma 2000; así como, desde otra perspectiva, P. P. DONATI, El significado del trabajo en la investigación sociológica actual y en el espiritu del Opus Dei, en „Romana” 12 (1996) 122-134.
56 Carta 19-III-1954, n. 7.
57 Es Cristo que pasa, n. 50.
58 Camino, n. 334 (Consideraciones espirituales, p. 34); ver tambié
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