La formación social y cívica en la Universidad según el Fundador del Opus DeiJosé Antonio Ibáñez Martín
Capítulo: La Universidad como escuela de responsabilidad
El cuarto eje de deberes cívicos es la asunción de las responsabilidades personales. Considero que la experiencia que todos tenemos de la Universidad nos la muestran como una significativa escuela de responsabilidad personal, un lugar especialmente apto para el descubrimiento de las exigencias de los deberes en la vida. En efecto, si en la enseñanza secundaria los estudiantes, de algún modo —también porque son menores de edad— se encuentran en una situación que podría calificarse de libertad vigilada, es obvio que eso no ocurre en la enseñanza superior, donde la evaluación que recibimos, además, no está basada simplemente en el esfuerzo sino esencialmente en los resultados alcanzados. Al universitario se le pide que sea dueño de sus propios actos y que tome conciencia de que se le exigirán resultados de calidad, precisamente porque se pretende formar personas capaces de comprometerse en la solución de los problemas humanos de mayor entidad, basándose en una preparación profesional cuidadosaLas Universidades, a través primeramente de la actuación de sus profesores, que han de ser ejemplo en el cumplimiento de sus obligaciones diarias, deben mover a la responsabilidad en todos los comportamientos de la persona, comenzando por la reflexión sobre las responsabilidades que se derivan de la posición que cada uno ocupa en la sociedad, y continuando con la necesidad de atender al conjunto de los restantes deberes de la persona, sean ellos también familiares o políticos. De estas ideas se deducen tres consecuencias. La primera, que los profesores estamos llamados a afrontar el estudio, sin miedo, de los grandes problemas que cada sociedad tiene, pues sólo de este modo ayudaremos a los estudiantes a enfocarlos desde perspectivas de los ideales de justicia, de libertad, de promoción del bien común a todos, sin refugiarse en la comodidad de las soluciones ya trilladas, con frecuencia insuficientes. La segunda es que hemos de incitar a que no se olviden las responsabilidades familiares que todos tenemos, también los varones. En ese sentido me sumo a la queja de la profesora Kolodny, cuando dice que no es un buen ejemplo el que la Universidad proporciona cuando mantiene su sueldo a quien se va fuera a realizar una investigación, mientras que le permite dejar su trabajo para cuidar de sus niños o de sus padres enfermos, pero sin sueldo alguno (KOLODNY, 1998: 158). Y la tercera es que, como acertadamente afirma la Recomendación de la Unesco sobre los profesores universitarios, éstos gozan de un status igual al de los demás ciudadanos y que, por tanto, deben manifestar el mismo respeto a las leyes justas que los restantes conciudadanos, así como “no se les obstaculizará o impedirá en forma alguna el ejercicio de sus derechos civiles, entre ellos el de contribuir al cambio social expresando libremente su opinión acerca de las políticas públicas y de las que afectan a la enseñanza superior” (UNESCO, 1997: nº 26). Sobre los modos de ejercer por los profesores sus derechos civiles haremos luego alguna observación, pero ya ahora es preciso advertir que sería una falta de responsabilidad enseñar, aunque sólo fuera con la propia conducta, a menospreciar los distintos deberes políticos.
Pocos asuntos había más queridos para el Fundador del Opus Dei que el de la responsabilidad personal. Su predicación siempre fue una continua llamada a tomar conciencia de que Cristo se entregó por cada uno de nosotros, por lo que pedía a los cristianos que huyeran de cualquier anonimato y que se sintieran personalmente interpelados en la tarea de su propia santidad —que no cabe delegar en nadie— y en la de la construcción del mundo que habían recibido como heredad de Dios. Pero nadie nace enseñado. Por ello recomendaba: “No te enfades: muchas veces un comportamiento irresponsable denota falta de cabeza o de formación, más que carencia de buen espíritu.
Necesario será exigir a los maestros, a los directores, que colmen esas lagunas con su cumplimiento responsable del deber” (11).
Profesores y estudiantes tenemos multitud de deberes, aparentemente pequeños. La preocupación por cumplirlos será una estupenda escuela para que aceptemos los grandes deberes, que Josemaría Escrivá describía en la vida de diversos profesores a los que confería el grado de doctor Honoris Causa por la Universidad de Navarra, diciendo que habían sabido “Afrontar los problemas con valentía, sin miedo al sacrificio ni a las cargas más pesadas, asumiendo en conciencia la propia y personal responsabilidad” (JEU: 109).