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El Papa Francisco, San Josemaría y las mujeres

By Administración / Posted on 11 February 2014

Superado cierto enfoque feminista que coloca a la mujer por delante y en oposición al hombre o por encima de su naturaleza -obligándole a elegir entre ser profesional o madre-, me han gustado estas palabras del Papa Francisco de hace unos días sobre el lugar insustituible de la mujer en la sociedad, la familia y la Iglesia, y me ha alucinado su paralelismo con otras dichas en 1967 por San Josemaría Escrivá.
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Papa Francisco
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 “Junto a otras transformaciones culturales y sociales, también la identidad y el papel de la mujer en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, han experimentado cambios significativos, y en general, la participación y la responsabilidad de las mujeres han ido en aumento (…)
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 Yo también he recordado la contribución vital de las mujeres en la sociedad… y me alegra ver que muchas comparten algunas responsabilidades pastorales con los sacerdotes acompañando personas, familias y grupos, así como en la reflexión teológica y he manifestado el deseo de que se amplíen los espacios para que la presencia femenina sea más capilar e incisiva en la Iglesia.
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(…) Si en el mundo del trabajo y en la esfera pública es importante una contribución más extensa del genio femenino, esa aportación sigue siendo indispensable en el ámbito de la familia, que para nosotros los cristianos no es simplemente un lugar privado, sino la ” Iglesia doméstica “, cuya salud y prosperidad son condiciones vitales para las de la Iglesia y las de la sociedad”…
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San Josemaría
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“La presencia de la mujer en el conjunto de la vida social es un fenómeno lógico y totalmente positivo (…). Una sociedad moderna, democrática, ha de reconocer a la mujer su derecho a tomar parte activa en la vida política, y ha de crear las condiciones favorables para que ejerciten ese derecho todas las que lo deseen.
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En virtud de las dotes naturales que le son propias, la mujer puede enriquecer mucho la vida civil. Esto salta a la vista, si nos fijamos en el vasto campo de la legislación familiar o social. Las cualidades femeninas asegurarán la mejor garantía de que habrán de ser respetados los auténticos valores humanos y cristianos, a la hora de tomar medidas que afecten de alguna manera a la vida de la familia, al ambiente educativo, al porvenir de los jóvenes.
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Todos los bautizados —hombres y mujeres— participan por igual de la común dignidad, libertad y responsabilidad de los hijos de Dios. Si se exceptúa la capacidad jurídica de recibir las sagradas órdenes —distinción que por muchas razones, también de derecho divino positivo, considero que se ha de retener—, pienso que a la mujer han de reconocerse plenamente en la Iglesia —en su legislación, en su vida interna y en su acción apostólica— los mismos derechos y deberes que a los hombres: derecho al apostolado, a fundar y dirigir asociaciones, a manifestar responsablemente su opinión en todo lo que se refiera al bien común de la Iglesia, etc. Ya sé que todo esto —que teóricamente no es difícil de admitir, si se consideran las claras razones teológicas que lo apoyan— encontrará de hecho la resistencia de algunas mentalidades. Aún recuerdo el asombro e incluso la crítica (…) con que determinadas personas comentaron el hecho de que el Opus Dei procurara que adquiriesen grados académicos en ciencias sagradas también las mujeres (…).
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(…) Lo mismo que en la vida del hombre, pero con matices muy peculiares, el hogar y la familia ocuparán siempre un puesto central en la vida de la mujer: es evidente que la dedicación a las tareas familiares supone una gran función humana y cristiana. Sin embargo, esto no excluye la posibilidad de ocuparse en otras labores profesionales —la del hogar también lo es—, en cualquiera de los oficios y empleos nobles que hay en la sociedad, en que se vive”.
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