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Cilico y Disciplinas

Cilicio y disciplinas

Son prácticas ascéticas de mortificación corporal con gran tradición en la Iglesia Católica que utilizan los Numerarios y Agregados y no son peligrosas para la salud. Al igual que el ayuno corporal, tienen una honda raíz cristiana que han practicado desde el comienzo de la historia de la Iglesia innumerables santos. Si elaborásemos una lista sería muchísimo más breve la lista de santos que no hayan vivido una exigente mortificación corporal, que lo contrario.

De todas formas, para comprender todo este asunto hay que conocer un mínimo la Fe Católica. Antes de proseguir, conviene que el lector conozca que el lenguaje que voy a emplear presupone conceptos “cristianos”, es decir, doy por supuesto que se conoce el significado de ascético, mortificación, etc. Sin esa base cristiana es imposible, en la práctica, entender la mortificación. Si para el cristiano este mundo fuese el único mundo, la mortificación tendría que desaparecer en absoluto, para ceder todo el lugar al placer. La mortificación, a su vez, se encuadra en algo más amplio, que es la penitencia: algo muy familiar para los cristianos (arrepentirse, convertirse, pedir perdón, etc). Por eso, recomiendo leer previamente el Catecismo de la Iglesia Católica.

El cilicio: originariamente un vestido rudo de piel de cabra o de camello que, adherido al cuerpo, servía como verdadero instrumento de penitencia. Llamado así porque la materia provenía especialmente de Cilicia. Parece que Santa Catalina de Siena promovió el uso más actual: una cadena o collar metálico con puntas. El modo más natural de utilizarlo, y así es como hacen los Numerarios y Agregados, es colocar el cilicio en el muslo. La cinta tiene tres dedos de anchura y cubre tan solo la mitad del muslo. Las puntas, que no están afiladas, son de tres o cuatro milímetros. Se utiliza únicamente cuando se está en un Centro sin exceder habitualmente las dos horas, no en el trabajo ni por la calle, etc. No se usa todos los días de la semana: por ejemplo, los días fiesta, domingos, etc. Al igual que las disciplinas, se utiliza siempre de acuerdo con lo que les aconsejan en la dirección espiritual.

Disciplinas: es una autoflagelación voluntaria en expiación de los pecados propios y ajenos y en unión espiritual a la flagelación que sufrió Jesucristo (aquí hay que entender el sentido de Redención). Como toda mortificación corporal busca también dominar la sensualidad. A partir del siglo XII se llamó «disciplina» al pequeño flagelo que se usaba con este fin. El uso voluntario de las disciplinas, que comenzó en el claustro, se extendió muy pronto entre el pueblo (ya en el siglo X). Superadas las aberraciones provocadas por el fanatismo de los «flagelantes» -condenado por Clemente VI-, el uso de las disciplinas, recibido de la tradición ascética, fue asumido en la moderna vida de piedad y de sacrificio por impulso de San Ignacio de Loyola y de San Francisco de Sales, que lo recomendaba en ciertos días como devoción privada también a los seglares.

Estas prácticas son un aspecto secundario de la ascética del Opus Dei y ha de verse en el contexto de un espíritu de mortificación de cuerpo y espíritu, que se centra en otros aspectos. Se trata de ser servicial, cuando no se tiene ganas o se está cansado; de callar, cuando uno querría enfadarse; de sonreír, aunque alguien resulte en este momento importuno; de renunciar al consumismo y de saber compartir.

Además, no es el cilicio en sí la piedra de escándalo. Al fin y al cabo, si se presentara como la clave del éxito profesional, se crearía una gran demanda. En definitiva, el ascetismo para promocionar el fitness, para elevar la capacidad deportiva y profesional, es algo muy estimado. Pero lo que de verdad escandaliza, es pensar que estas prácticas ascéticas tengan un valor espiritual. Si el ayuno sólo tuviera significado religioso y no sirviera además para perder peso y mejorar la salud, sería considerado una práctica tan "enemiga del cuerpo" como llevar puesto un cilicio.

¿Por qué utilizan el cilicio y las disciplinas algunas personas del Opus Dei?

Por el convencimiento de que determinadas penitencias corporales, practicadas con la debida moderación, sirven para madurar espiritualmente. Su finalidad es la de purificar de los pecados personales y ofrecer a Cristo algunas cosas que cuestan para desagraviarle por los pecados de todo el mundo. Aquí se trata de mantener el cuerpo a raya en esta otra dimensión, con mucho menos esfuerzo: espiritualmente. La mortificación corporal no destruye, sino que libera al cuerpo para que coopere con alegría al bien. El cilicio y las disciplinas lo utilizan sólo el 10% de las personas que forman parte del Opus Dei y el que usa estos instrumentos los utiliza porque le da la gana, con total libertad. Si no se quiere no se utilizan.

Además, en el Opus Dei, siguiendo toda la tradición espiritual de la Iglesia Católica, el uso de las disciplinas, de cilicios y de toda forma de mortificación corporal debe ser moderada por un director espiritual prudente.


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