Auguri, Santo Padre
Vivimos unos días muy “petrinos”. Ayer, la Iglesia celebraba el Domingo de la Misericordia y un día tal de hace siete años fallecía Juan Pablo II, coincidencia que es una providencia, una caricia divina, a un Papa que había acogido esa devoción como propia y había instituido su fiesta el primer domingo de Pascua. Hoy, Benedicto XVI, su sucesor, cumple 85 años y este jueves próximo celebraremos el séptimo aniversario de su elección como Pontífice.
En la Misa de ayer, el Papa pedía oraciones expresas a los fieles que abarrotaban la Plaza de San Pedro: “El próximo jueves, con ocasión del séptimo aniversario de mi elección para la sede de Pedro, os pido que recéis por mí, para que el Señor me dé la fuerza para realizar la misión que me ha confiado".
A las personas del Opus Dei –como a tantos otros católicos- no nos resulta costoso cumplir este deseo del Papa, al contrario. Es un gustoso deber filial que rebosa agradecimiento y cariño. Nos lo inculcó San Josemaría desde el principio. Tres eran sus grandes amores: Cristo, María y el Papa, a quien llamaba “el dulce Cristo en la tierra”.
Nunca, por años que pasó en Roma, donde el dicho popular dice injustamente: “quien a Roma fue perdió la fe”, disminuyó ni su amor ni su fe en la Iglesia ni en quien le representa, que se manifestaba incluso en un temblor físico. Nunca, desde aquella primera noche que pasó en vela junto a la ventana de un piso alquilado en la plaza d Cittá Leonina desde la que se veía la cúpula de San Pedro, se acostumbraba a verlo y nunca dejó de rezar y ofrecer su vida por él muchas veces al día. “Cuando vosotros seáis viejos, y yo haya rendido cuentas a Dios, vosotros diréis (...) cómo el Padre amaba al Papa con toda su alma, con todas sus fuerzas”.
Así se lo enseño a sus sucesores, Mons. Álvaro del Portillo y Mons. Javier Echevarría quien nos pedía en su carta pastoral de abril: No dejemos de rezar por el Papa, especialmente el día 19, séptimo aniversario de su elección, y también el 16, fecha en la que cumplirá 85 años. Repitamos con fe la plegaria de las Preces, que nuestro Fundador tomó del acervo litúrgico de la Iglesia: Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.
La web www.opusdei.es reproduce también una felicitación del Prelado actual al Papa publicada en la revista Famiglia Cristiana. http://www.opusdei.es/art.php?p=485Vivimos unos días muy “petrinos”. Ayer, la Iglesia celebraba el Domingo de la Misericordia y un día tal de hace siete años fallecía Juan Pablo II, coincidencia que es una providencia, una caricia divina, a un Papa que había acogido esa devoción como propia y había instituido su fiesta el primer domingo de Pascua. Hoy, Benedicto XVI, su sucesor, cumple 85 años y este jueves próximo celebraremos el séptimo aniversario de su elección como Pontífice.
Vivimos unos días muy “petrinos”. Ayer, la Iglesia celebraba el Domingo de la Misericordia y un día tal de hace siete años fallecía Juan Pablo II, coincidencia que es una providencia, una caricia divina, a un Papa que había acogido esa devoción como propia y había instituido su fiesta el primer domingo de Pascua. Hoy, Benedicto XVI, su sucesor, cumple 85 años y este jueves celebraremos el séptimo aniversario de su elección como Pontífice. ¡Felicidades, Santo Padre!
En la Misa de ayer, el Papa pedía oraciones expresas a los fieles que abarrotaban la Plaza de San Pedro: “El próximo jueves, con ocasión del séptimo aniversario de mi elección para la sede de Pedro, os pido que recéis por mí, para que el Señor me dé la fuerza para realizar la misión que me ha confiado".
A las personas del Opus Dei –como a tantos otros católicos- no nos resulta costoso responder a este deseo del Papa, al contrario. Es un gustoso deber filial que cumplimos con cariño y agradecimiento. Nos lo inculcó San Josemaría desde el principio. Tres eran sus grandes amores: "Cristo, María y el Papa", a quien llamaba “el dulce Cristo en la tierra”.
Nunca, por años que pasó en Roma -donde el dicho popular dice injustamente: “quien a Roma fue perdió la fe”-, disminuyó ni su amor ni su fe en la Iglesia ni en quien le representa, que se manifestaba hasta en un temblor físico cuando estaba en su presencia.
Desde aquella primera noche que pasó en vela junto a la ventana de un piso alquilado en la plaza de Cittá Leonina desde la que se veía la cúpula de San Pedro, jamás se acostumbró a verlo ni a tenerlo cerca, y nunca dejó de rezar y ofrecer su vida por él muchas veces al día. “Cuando vosotros seáis viejos, -decía- y yo haya rendido cuentas a Dios, diréis (...) cómo el Padre amaba al Papa con toda su alma, con todas sus fuerzas”.
Así se lo enseño a sus sucesores, Mons. Álvaro del Portillo y Mons. Javier Echevarría, quien nos pedía en su carta pastoral de este mes: "No dejemos de rezar por el Papa, especialmente el día 19, séptimo aniversario de su elección, y también el 16, fecha en la que cumplirá 85 años. Repitamos con fe la plegaria de las Preces, que nuestro Fundador tomó del acervo litúrgico de la Iglesia: Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius".